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Pautas para padres de adolescentes conflictivos

La adolescencia es un tiempo de crisis, pero también es el tiempo para el desarrollo de la independencia y la creación de una identidad y autoestima sólida de toda persona.

Cambiar el control por la guía

Debido a que los adolescentes son mucho más independientes y móviles de lo que eran de pequeños, a menudo están fuera del control físico directo de los adultos. En estas circunstancias, el comportamiento de los adolescentes está determinado únicamente por su propio código moral. Los padres empiezan a guiar en lugar de controlar directamente las acciones de sus hijos y, no cabe duda, que este es un gran paso para todos.

Los adolescentes que sienten el calor y el apoyo de sus padres, que les transmiten expectativas claras, además de límites justos y coherentes, son menos propensos a llevar a cabo comportamientos de riesgo en esta etapa de su vida.

Cuando el comportamiento del adolescente es arriesgado

Algunos padres de hijos adolescentes se enfrentan a casi toda clase de problemas y conflictos. En estas situaciones, la raíz del problema es realmente el control. Los adolescentes quieren sentirse que poseen el control de su vida, y los padres quieren que los adolescentes sepan que ellos son los que todavía ponen las reglas.

Los adolescentes cuyo comportamiento es beligerante, peligroso o inaceptable pesar de los esfuerzos de sus padres por evitarlo, pueden necesitar la intervención profesional.

Cuando los adolescentes hacen cosas tan preocupantes como: ir con malas compañías, faltar al respeto, mentir, no ir a clase, robar, escaparse de casa, etc. los padres suelen llegar a un nivel de desesperación tal que se sienten incapaces de llevar a cabo una solución efectiva.

Estar dispuestos a trabajar para lograr el cambio

Como todo, el primer paso es reconocer el problema y estar dispuesto a trabajar para cambiar las cosas.

Si eres un padre de un hijo adolescente y te encuentras en una situación similar, ten en cuenta lo siguiente:

Nadie, fíjate bien, nadie, ni persona ni institución alguna, puede hacer por tu hijo más que tú, si es que quieres realmente que cambien las cosas, debes estar dispuesto a trabajar para que este cambio sea posible.

Es tremendamente doloroso sentirse preocupado, humillado, impotente, culpable… Por eso es en este dolor y en la forma de superarlo en lo que podemos trabajar. Partiremos de la base de que buscas una nueva forma de actuación que puedes llevarla a cabo solo (si eres el único que se encarga en casa de la educación del adolescente) o con tu pareja. Naturalmente es mejor que ambos padres o tutores, de común acuerdo, apliquen el cambio de actitud juntos, para que los resultados sean verdaderamente efectivos y se hagan realidad.

Lo que te dejamos aquí no es una nueva teoría para entender, sino una nueva forma de hacer que tienes que aprender y que pasa por conseguir una nueva confianza en ti mismo.

Cinco hechos importantes sobre los adolescentes

1º La mayoría de los chicos que hicieron cosas como las que hace tu adolescente (robar, mentir, faltar al respeto, agredir, dejar de ir a clase…) han terminado muy bien al hacerse mayores. Es decir, se han abierto camino en la vida y, al mismo tiempo, mantienen relaciones cordiales con las demás personas.

No estás solo. Miles de padres están pasando por lo mismo que tú. La mayoría de las familias atraviesan un período durante la adolescencia de sus hijos en el que les es muy difícil la convivencia. Y la mayoría de los adolescentes, incluidos los que tienen conductas desafiantes, normalmente entre los 18 y 25 años cambian y se vuelven a hacer amigos de sus padres.

3º No te sientas culpable por todas aquellas cosas que dejaste de hacer o hiciste de más en el pasado y no tengas miedo de haber influido en la conducta actual de tu hijo. Los jóvenes tienen una fuerza tremenda que les empuja a llenar sus vidas y es esa fuerza la que determina el resultado de sus vidas.

4º Si te sientes atrapado, resentido y piensas que tu hijo puede contigo, es muy probable que tengas más poder del que sospechas, incluido el poder de hacer que las cosas cambien a mejor.

Tú tienes la misma necesidad y el mismo derecho a la consideración, a la libertad, a la felicidad y al amor que tu hijo.

¿Cuál es tu objetivo?

¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu objetivo en la educación de tu hijo? Los padres acostumbran a perseguir varios objetivos a la vez, pero a niveles distintos:

  • En el nivel más inmediato, el objetivo es que cambie un comportamiento determinado: que deje de mentir, de faltar a clase, de insultar…
  • Si se les pregunta a los padres por qué quieren estos cambios, responden con otros objetivos más generales: para que vaya a la Universidad, para que sea una persona honrada…
  • Pero si se les pregunta qué pretenden a largo plazo, los padres responden otras cosas que se pueden resumir en: “quiero que mi hijo sea una persona responsable, capaz de tomar buenas decisiones por sí mismo”.

Por eso lo primero que tienes que hacer es dejar, por el momento, las preocupaciones más inmediatas y preguntarte: “¿Qué puedo hacer en esta situación que contribuya a que mi hijo sea más responsable y más capaz de tomar sus propias decisiones?”.

Dar al adolescente la responsabilidad de su propia vida

Aquí vamos a introducir algunas ideas que pueden sorprenderte o parecerte fuera de lugar. No te asustes. Aunque cueste aceptar de entrada este nuevo cambio de actitud y de pensar por tu parte, debes saber que han servido desde hace años a numerosos padres y madres de hijos e hijas adolescentes.

Si tienes problemas con tu hijo es más que probable que estés haciendo una de estas dos cosas, o ambas:

  1. Sin duda te olvidas de una necesidad muy importante para ti mismo: llevar una vida feliz.
  2. Muy probablemente te estás ocupando de algo que le corresponde hacer a tu hijo y no a ti: dirigir la vida de tu hijo.

El objetivo final no es que tu hijo estudie o trabaje tal o cual cosa, recuerda, es que se convierta en una persona responsable, madura y capaz de tomar decisiones por sí mismo en un futuro.

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PASO 1

Coge papel y lápiz y haz una lista, lo más completa posible, con todo aquello que hace tu adolescente que te molesta a ti.

Aquí te dejamos algunos ejemplos para ayudarte:

  • Dice que va a un sitio y luego va a otro
  • Deja sus cosas por toda la casa
  • Se va de casa y no respeta la hora de llegada
  • No acude a clase
  • No se lava
  • Se pasa el día colgado del móvil
  • No ayuda en casa
  • Me insulta
  • Me trata como si yo le hubiera hecho algo malo
  • Tiene una actitud beligerante y agresiva
  • Me exige dinero
  • Me roba a mi o a otros de la familia/amigos
  • Monta rabietas y nos amenaza cuando no se sale con la suya
  • Etc.

PASO 2

Anota por separado aquellas cosas que hace tu hijo que, aunque puedan ser consecuencias para la vida de él, no afectan directamente a tu vida. A esta nueva lista la llamaremos: LA LISTA DEL CHICO

Si una cosa no sabes si es de la lista del chico o no, piensa si TIENES PODER DIRECTO sobre ella. Si no lo tienes, es de la lista del chico.

Pueden haber cosas que le afecten a él y a ti. Por ejemplo: no se lava, quien estará impresentable y recibirá el rechazo de las personas de su entorno será él, pero te afectará a ti en tanto que no puedes resistir el mal olor o te repugna su aspecto.

PASO 3

  1. Empieza a hacerte a la idea de que has de abandonar la responsabilidad en estas cuestiones.
  2. Aprende a confiar en que tu hijo puede tomar, y tomará, las decisiones adecuadas para él, y hazle saber que confías en ello.

Lo más probable es que te sea tremendamente difícil seguir con estas pautas, y que ahora mismo te sientas totalmente escandalizado. Tal vez te preguntes: ¿cómo he de confiar en él para algo en lo que se ha mostrado tan irresponsable? Pero ahora empiezas a ofrecerle una imagen nueva, esta nueva actitud tuya le confirma que no tienes una imagen pobre ni negativa de él, que sabes que es capaz de aprender de sus propios errores.

Ejemplo: situación en la que el chico ha dejado los estudios, por no ir a clase o por no estudiar ni hacer los deberes:

  • “Javier, últimamente he estado muy preocupado porque no estudias y las notas del colegio son terribles y he tratado de hacerte estudiar”.
  • “He pensado sobre esto y me he dado cuenta de que es una tontería. No puedo obligarte a hacer nada, y además es tu vida la que está en juego y es asunto tuyo”.
  • “Pienso que tú eres capaz de tomar las decisiones adecuadas sobre el estudio”.
  • “A partir de ahora me mantendré al margen de tus decisiones sobre eso y, tengo la seguridad, de que decidas lo que decidas será lo adecuado”.
  • “Ya sabes que te quiero y me interesan tus cosas y haré lo que pueda y esté en mi mano para ayudarte si tú me lo pides pero, básicamente, a partir de ahora es cosa tuya”.

PAUTAS IMPORTANTES para nuestro diálogo a partir de ahora con nuestro hijo adolescente:

  • Habla siempre en 1ª persona (lo que tú sientes y tú quieres), nunca desde lo que él podría o debería
  • Habla lo mínimo, la brevedad es la clave (y di las cosas sólo UNA vez)
  • No hagas preguntas
  • No juzgues
  • No des consejos que no te ha pedido

Empieza desde hoy a cambiar:

  • Abandona tu hábito de tomar decisiones en lugar de él
  • Cambia algunos pensamientos y opiniones sobre él

Y recuerda: si transmites al chico tu frustración o tu enfado, no harás más que darle la atención negativa a la que está acostumbrado y reforzarás su conducta irresponsable.

Piensa que el adolescente desea que se le de esa libertad pero, por otra parte, esta libertad muchas veces le asusta, y la mayoría hacen todo lo que pueda para que reemprendas el control.

No des consejos, no juzgues y no repruebes

No se trata de quien tiene razón, ni de quién va a ganar o perder

No eres ni su amo ni su esclavo

Eres un modelo de vida

Por qué es tan difícil dar responsabilidades a los hijos

Es muy difícil permitir que alguien de quien te sientes responsable cometa sus propios errores. Pero, si no le das al adolescente la responsabilidad de su propia vida, ¿qué mensaje le estás dando?. Le estás dando a entender que es incapaz de regir su propia vida y de tomar decisiones acertadas. Le estás diciendo que necesita a otra persona para que piense por él.

Esta actitud le confirma al chico una imagen negativa y pobre de sí mismo.

Es cierto que no siempre obtendrás respuestas positivas inmediatas y que, por supuesto, cometerá errores… pero piensa que ahora estás en la postura de quien observa a una oruga salir de su capullo. La oruga ha de esforzarse y luchar para salir, y sufrir en el proceso… pero estos esfuerzos le permitirán salir adelante, extender las alas y volar como mariposa.

Por eso a partir de ahora procura:

  • Abandonar tu hábito de tomar decisiones en su lugar.
  • Aprender a disfrutar de su capacidad de tomar decisiones.
  • Cambiar algunos pensamientos y opiniones sobre él.

Seguro que lo más difícil va a ser aprender a cambiar tu opinión sobre él, porque si ves claramente que está tomando decisiones equivocadas ¿cómo va a hacer eso cambiar tu opinión?

Piensa las cosas de esta manera: el adolescente ha de aprender una cosa muy importante: ha de aprender a considerar todas las consecuencias de sus decisiones por si mismo, sin que tú estés detrás regañándoles o advirtiéndole, porque no querrá hacerte caso.

Si tú le impides tomar sus decisiones el conflicto contigo será realmente importante, y esto le impedirá reconocer con claridad las consecuencias de sus actos.

La única protección que tiene el chico delante de los peligros es su sentido común y el saber que le corresponde a él detectar estos peligros y tomar las decisiones acertadas al respecto.

Los padres no siempre estarán detrás de él y si, por miedo, no le hemos dado la posibilidad de responsabilizarse de su vida, le habremos hecho un flaco favor. Habremos puesto las bases para que sea un adulto débil y dependiente que culpará a los otros de todos sus males.

Le habremos enseñado que los responsables de su vida son otros, no él.

Tu respuesta a la provocación de tu adolescente

Si tras pasarle la responsabilidad de sus propias decisiones a tu hijo, se comporta peor que antes de traspasarle el control, seguro que experimentarás desilusión, enojo, frustración… En este caso antes de responderle considera lo siguiente:

  1. Si le transmites tu frustración o enfado no harás más que darle tu atención negativa, a la que está acostumbrado y reforzarás, sin quererlo, su conducta irresponsable.
  2. Recuerda que el chico no te está perjudicando a ti, en tanto que lo que hace le afecta a su vida.
  3. Recuerda tu adolescencia y todo por lo que pasaste, seguro que en muchas cosas podrás sentirte identificado.

Cualquiera que sea tu primer impulso cuando tu adolescente no se comporte como tú esperabas, mantente firme en tu decisión de no tomar el control: no te lamentes, no muevas la cabeza en señal de reprobación, no hagas preguntas, no le des consejos

La atención negativa es como una droga que provoca más irresponsabilidad.

Por mucho que te cueste, muéstrate amistoso, atento y con una actitud de relajación y aceptación. Recuerda, este es un problema suyo (de su lista), no te está haciendo daño a ti.

Cuando te digan algo sobre la conducta inadecuada de tu adolescente, no juegues a los detectives. Háblalo claro con él, dile que no vas a asumir tú una responsabilidad que es suya.

Habla con frases en primera persona en las que digas lo que pienses, sientes y harás.

Recuerda, el eje de la conversación debes ser tú, desde el respeto, y no él.

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Tu Lista

En los anteriores apuntes hablamos de confeccionar una lista y de separar las cosas de la lista del chico. Ahora vamos a confeccionar tu lista particular.

Para lograrlo hemos de empezar desarrollando una actitud básica: la de mirar por uno mismo, lo que significa que te respetas, cuidas de ti mismo y eres leal a tu propio hijo.

Has de volver a adquirir el hábito de tener en cuenta tus gustos y tus necesidades.

  • Ejercicio 1: piensa en todas las personas que tienes a tu cargo, cuéntalas con los dedos. Cuando lo hayas hecho, contéstate a esta pregunta: ¿me he incluido yo en la lista?
  • Ejercicio 2: pregúntate si te has dedicado tiempo, cuidado y atención, y piensa cómo te comportas en general con tu hijo, ¿te pasas el día discutiendo, regañando…?
  • Ejercicio 3: Siéntate con lápiz y papel y escribe la respuesta a esta pregunta: ¿Qué le debo yo a mi hijo? Y después: ¿Qué me debe mi hijo a mí? ¿Qué cosas hay que justifiquen tus respuestas?. En realidad tú no le debes nada a tu hijo y tu hijo no te debe nada a ti. Cada uno sois una persona libre e independiente para hacer por el otro lo que crea que debe hacer.
  • Ejercicio 4: lee las frases siguientes y observa cómo te sientes al pronunciarlas:
    • Tengo derecho a la intimidad
    • Tengo derecho a que me traten con respeto
    • Tengo derecho a ser feliz
    • Tengo derecho a pasar mi tiempo libre como yo quiera.

Es posible que estas ideas te causen como mínimo, asombro… ¿No será egoísta ocuparme de mí?

No, no te estamos pidiendo que te vuelvas egoísta y que vayas pensando sólo en ti o pisoteando a los demás. Lo que te pedimos es que te concedas a tu yo interior los mismos derechos que les concedes a las demás personas de tu vida, porque SÓLO PUEDES DAR A LOS DEMÁS SI TIENES ALGO QUE DAR.

Todos los jóvenes necesitan junto a ellos personas auténticas, es decir, personas que aceptan la responsabilidad de lograr sus deseos y que cuando lo hacen, es porque realmente quieren.

Dar porque quieres es mucho más auténtico que dar porque debes.

Si tu adolescente  está haciendo algo que afecta a tu lista, es posible que sea porque no te considera una persona a su mismo nivel, sino más bien como una sombra, algo útil para sus necesidades, un objeto… es como si estuvieras ahí para ser usado.

PASO 1

Lo primero que haremos es pensar y hablar en primera persona:

  • Quiero…
  • Me apetece…
  • Me gusta…
  • Voy a hacer…

Muchos de estos pensamientos los traducimos sin querer a una segunda o tercera persona, por ejemplo:

  • “Tengo sueño” se convierte en: “¿Por qué no nos vamos a dormir?”
  • “Me siento dolido y tratado injustamente” se convierte en: “No eres bueno”.
  • “Quiero tranquilidad en casa este verano” se convierte en: “Hijo, por qué no te buscas un trabajo este verano?”

Date cuenta que en estos ejemplos se echa parte de la responsabilidad en el interlocutor.

Si aprendes a comunicarte en primera persona, no sólo con tu adolescente si no en todas las demás facetas de tu vida, comunicarás tus sentimientos de una forma más clara y auténtica.

PASO 2

  • Procura cambiar el debo por el quiero
  • No hables en negativo. Di a tu interlocutor lo que quieres NO lo que no quieres. No hagas que los demás adivinen lo que deseas que hagan.
  • No hagas preguntas. En lugar de decir: “¿Dónde estabas?”, di “Estaba preocupado por ti, pensaba que estarías en casa a las diez”:
  • No utilices al hablar ni 2ª ni 3ª persona.
  • Haz, adrede, algunas cosas espontáneas. Deja que salgan de ti, sin pensarlo demasiado, algunas pequeñas ideas, divertidas, hazlas…

PASO 3

Confecciona tu lista.

Tu lista incluye los asuntos de la lista del chico que afectan directamente a tu vida.

Por ejemplo:

  • No limpia nada en casa.
  • Lo deja todo por en medio.
  • Me falta al respeto.
  • Me roba.
  • Trae amigos a casa y organiza fiestas sin permiso.
  • Se ha transformado en un parásito que ni estudia ni trabaja.

Algunas personas que no han tenido estos problemas pueden decir: “¿Pero cómo consientes eso? No lo consientas”. Sin embargo, lo que ocurre realmente es que los padres que se encuentran en esta situación no saben cómo acabar con ella.

Cuando te sientes dolido porque tu hijo hace estas (u otras) cosas es porque parece que te está diciendo:

  • No me importas.
  • No tienes valor como persona.
  • No tengo por qué hacerte caso.

Esto define a tu hijo como a un irresponsable y un desconsiderado, y a ti como a un objeto útil o sombra cuyos derechos no cuentan.

Recuera en este punto cuáles son tus objetivos:

  1. Ser más feliz.
  2. Que tu hijo sea una persona responsable y honrada.

Por desgracia la gente tiende a olvidar lo que realmente desea y se comporta como si sus más profundas aspiraciones fueran:

  • Saber quién va a ganar
  • Demostrar que tengo razón
  • Asegurarme de que mi hijo hace lo que yo quiero
  • Preocuparme de lo que pensarán otras personas

Así que recuerda:

Tu actitud puede cambiar las cosas

La forma en que veas la situación entre tu hijo y tú influye sobre esta situación

Las actitudes verdaderas y de respeto también son contagiosas

  • Tu hijo y tú tenéis los mismos derechos como seres humanos
  • Tu hijo es responsable de cumplir sus deseos y lograr su felicidad, y yo soy responsable de mis deseos y mi felicidad
  • El mejor padre no es amo ni esclavo, es un igual
  • Lo mejor que puedo darle es un modelo de vida que le haga pensar que vale la pena ser vivida

PASO 4

Define tus derechos:

  • El derecho a la intimidad.
  • El derecho a no soportar actitudes violentas o agresivas.
  • El derecho a no estar manteniendo a un zángano.
  • El derecho a ser tratado con respeto y amabilidad.

Pero ten en cuenta que estos mismos derechos son los que se merece y reclama tu adolescente.

Pero sobretodo, asegúrate que le otorgas a tu adolescente derechos equivalentes a los que tú quieres.

Cómo actuar frente a adolescentes problemáticos: pautas para padres
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3 Comentarios

  1. Es muy interesante, pero que ocurre cuando tu hijo tiene todos los dias de la semana vida nocturna y duerme por el dia, y a pesar de decir que estas preocupada te hecha a la mierda, como se soluciona,? porque las pautas son generales, pero cada adolescente tiene sus conflictos, y cada padre es de una manera. mi adolescente lo esta abandonando todo por seguir a cuatro pelagatos, que si estudian y si hacen la vida como tiene que ser, mientras que el esta abandonando su muy buena carrera deportiva, los estudios allá nos vemos para que coja los libros, las cosas de casa son primero de los amigos que de la casa mismo, quería llevarse la tv para un piso que tienen alquilado, para poder jugar a la play, no tiene carnet y me pide el coche para irse con sus amigos de fiesta, un largo etc. eso es que tiene que tomar las riendas de su vida? no lo se, solo se que tengo los nervios destrozados, hemos pasado de reñir constantemente a comunicarnos formalmente, como si fuese un extraño en su propia casa.

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