En los últimos años se ha extendido en nuestro país un anglicismo, mobbing, que, traducida como “acoso moral en el trabajo”, esconde un problema socio-laboral de enorme trascendencia personal, organizativa, empresarial e, incluso, cultural.

Mobbing y legislación

Son ya muchos los Informes y Documentos de Organizaciones Internacionales, desde la OIT a la Agencia Europea para la Mejora de las Condiciones de Trabajo, pasando por el propio Parlamento Europeo, que dan cuenta de la envergadura y seriedad de la cuestión. En este momento quizá se ha creado, en determinados casos,  una excesiva alarma social respecto al crecimiento exponencial de este fenómeno en los últimos meses, pero al margen de ello, el hecho es que podemos decir que hoy en el país existen entre 700.000 y 1.000.000 de trabajadores afectados por acoso moral en el trabajo, cifra que por otro lado coincide con las evidenciadas para países de nuestro entorno Suecia, Francia, Reino  Unido, Alemania, Italia….

Nuestro ordenamiento jurídico no tiene una respuesta específica a este fenómeno, de ahí que hayamos asistido en este año a una amplísima gama de iniciativas legislativas, en especial el anteproyecto de reforma del Código Penal que crea el delito de Acoso Moral o Laboral, en paralelo, igualmente, a lo que se está produciendo en Europa, y en América. Sin embargo, el éxito de las propuestas introducidas hasta ahora ha sido mínimo, por no decir nulo.

Todo ello no quiere decir que no haya instrumentos en el Derecho vigente suficientemente eficaces para hacer frente a esta “plaga social” del siglo XXI –que se sitúa en un contexto más amplio de recrudecimiento de los fenómenos de la violencia en las organizaciones, ya sean domésticas ya económico-empresariales y público-administrativas-. La prueba es que tanto la Inspección de Trabajo, las Fiscalías y  la Judicatura están dando muestras de comprensión del fenómeno y lucha contra el mismo.

A pesar de todo ello existe una gran confusión, ya que no se trata tan sólo, de delimitar o tipificar correctamente el comportamiento prohibido, hasta ahora abandonado exclusivamente a la práctica clínica y estudios de profesionales de la psicología y psiquiatría, sino de marcar la vía de actuación a seguir. Este desconocimiento genera un alto grado de frustración en las víctimas y puede ser uno de los motivos, junto con otros factores, de las escasas denuncias que actualmente se producen, y, cuándo éstas se producen, del bajo porcentaje de éxito de las actuaciones llevadas a cabo.

Ni los abogados, ni los jueces, ni los fiscales están suficientemente preparados para afrontar con razonables garantías esta nueva figura. La cuestión, sin embargo, no es de inexistencia de herramientas o técnicas jurídicas para dar respuesta, sino de un gran déficit de formación, dada la novedad del fenómeno como nuevo concepto jurídico.

4 Comentarios

  1. Felicitaciones por el Blog. Es cierto que falta preparación dentro de los profesionales del derecho por la novedad del caso, de la misma forma que también es cierto que somos varios los despachos de abogados que llevamos ya más de una década defendiendo casos de mobbing en múltiples entornos.

  2. Son las instituciones que dan excesivo permiso a empresarios para que hagan y deshagan a su antojo, y una mayoría abusan y abusan en todos los sentidos, prueba de ello es que son mucho más ricos que antes. es una mala practica que solo nos lleva al desconsuelo, falta de ilusiones, baja autoestima, depresiones….

  3. Artículo interesantísimo, sobre la verdadera naturaleza del acosador. Creo que puede ser de mucha ayuda sobre todo para aquellas personas que ya se alejaron del foco tóxico, pero siguen teniendo secuelas.

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