dependencia emocional

La dependencia emocional es uno de esos fenómenos que nacen para designar una situación patológica en el cuerpo de la psicología, pero que pasado el tiempo traspasan los muros profesionales y comienzan a usarse también en un ámbito popular.

Por eso me parece vital aclarar algunas ideas equívocas que giran entorno a la ya famosa dependencia emocional. Algunas de las creencias erróneas más frecuentes son:


  • “La dependencia es mala.”
  • “Lo contrario a la dependencia es la independencia.”
  • “Quién depende es porque no saber estar sólo/a.”

La dependencia es humana

La dependencia no es mala, de hecho, es una de las principales cualidades que tenemos los mamíferos. Se relaciona con la supervivencia y tiene un sentido evolutivo sencillo: “juntos es más fácil que nos vaya bien”, para eso debemos cuidar y ser cuidados.

La búsqueda de seguridad y apoyo a través del otro es una necesidad básica de las personas, la cual sería un error anti natura tratar de negarla o llegar a suprimirla. Esta es una necesidad que comienza en el seno del vínculo paterno filial.

La solución no es la independencia, sino la identidad

En la actualidad escuchamos a menudos mensajes positivos y alentadores entorno a la idea de fomentar nuestra independencia. Esta, se ha convertido en un valor deseable en la conformación de una identidad positiva.

Sin embargo, la independencia es la otra cara de la moneda. La independencia emocional conlleva el no vincularnos y prescindir de nuestro yo en relación.

Los valores y modelos de vida modernos distan de los tradicionales, donde apreciamos una cierta tendencia a empoderar el yo frente a la comunidad o la familia. No obstante, aquellas personas emocionalmente independientes que solemos admirar, en muchas ocasiones, lo que esconden es una forma de patología culturalmente aceptada. El miedo al compromiso, a dejar entrar, a sentir u otros.

La solución sana para la dependencia patológica es la identidad. Una identidad que se construye sabiendo depender de los demás, mientras que sin su presencia no se deshace como un azucarillo. Es decir: Yo soy sin ti, aunque quiera estar contigo.

La dependencia emocional es una herida

Muchas personas que han pasado por una relación donde se han visto como dependientes emocionales, son personas que sin pareja hacen una vida perfectamente normal. El circuito de la ansiedad y la hiper atención hacia el otro debuta en el momento en que conocen y se vinculan con alguien, debido a que se activa el sistema de apego-ansiedad.

No tener el deseo de querer vivir solos/as no es un síntoma de dependencia, en el sentido negativo del término.

Amor y dependencia emocional

Las personas que sufren o han sufrido algún capítulo de dependencia emocional patológica, suelen confundir amor y ansiedad.

Lo que ocurre en el ámbito de una relación de dependencia, es que el otro despierta en uno mismo/a las propias inseguridades. Este hecho puede deberse en gran parte a que por alguna razón las personas con tendencia a la dependencia emocional suelen elegir parejas poco disponibles emocionalmente y que ofrecen un refuerzo intermitente.

Este escenario provoca incertidumbre respecto a la presencia del otro, activando en la persona dependiente todo un sistema de ansiedad. Esa ansiedad provoca que tengamos a nuestra pareja en la cabeza constantemente. Que toda nuestra atención se encuentre dirigida hacia él o ella.

Sin embargo, eso no es amor. El amor es aquello que sucede tras la fase del enamoramiento. Es la expresión de un vínculo afectivo donde hay unión, comprensión, cuidado, deseo, admiración y objetivos y hobbies en común.

La ansiedad puede provocárnosla una persona que incluso, si lo pensamos, caigamos en la cuenta de que no nos gusta tanto.

Esa inseguridad que se nos activa es la expresión de la activación de creencias propias internas, tales como: “no soy merecedor o merecedora de amor”, “no soy suficiente” o “si no quiere estar conmigo es porque soy incapaz de gustar a alguien”, entre otras.

El amor como droga

El amor es quizás la marca comercial con más ventas del mundo. Una educación que transmita un exceso de ensalzamiento del amor para dar sentido a la vida, coloca a las personas en objetivos vitales basados en la pareja.

Este tipo de educación y valores puede apreciarse perfectamente en la novela Apegos Feroces de Vivian Gornick, en la cual se relata desde la óptica de la mujer protagonista (que es la misma autora), los mensajes que recibía de su madre entorno al amor y los hombres.

Esto ocurre a menudo en el trastorno de codependencia, donde la persona codependiente adopta un rol de salvador o salvadora de alguien con problemas, los cuales impiden el desarrollo de una relación estable, sino va incluido en el pack el el maltrato psicológico y/o físico.

La persona codependiente lo da todo por amor, olvidándose de pedir o exigir para sí misma, ya que el objetivo último e importante es la pareja. También le permite olvidar su responsabilidad, ya que coloca en el otro la diana de cambio, justificado así su sufrimiento.

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