En el campo de la psiquiatría, la neurología y la ciencia, hay algunas figuras más notorias o populares que otras. Es el caso de Oliver Sacks, que tuvo gran repercusión debido a su trayectoria profesional y al alcance y transmisión de sus divulgaciones y trabajos.



¿Cómo fueron los inicios en la vida de Sacks y cómo influyeron en su carrera?

Oliver Wolf Sacks nació en Londres el 9 de julio de 1933 y murió en Nueva York el 30 de agosto de 2015. A lo largo de su vida sufrió de prosopagnosia o incapacidad para reconocer los rostros. Neurólogo de gran prestigio y escritor, hasta el punto de que fue nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico.

Su carácter curioso, carismático y divulgador le hizo poseedor de una gran fama a nivel mundial, la cual se vio acrecentada tras la adaptación al cine en 1990 de su obra autobiográfica Awakenings (Despertares), que vio la luz en 1973. Pero, ¿quién era Oliver Sacks y por qué alcanzó tal repercusión?

Sacks era el hijo de Samuel Sacks, médico y Muriel Elsie Landau, cirujana pionera británica. Criado en el seno de una familia judía en el norte de Londres, era también el pequeño de cuatro hermanos, siendo el más joven de una gran y numerosa familia.



Profesaba una gran admiración hacia su madre (la cual fue determinante en cierto modo para decidirse finalmente a estudiar medicina en lugar de química), a pesar de que a los 18 años, tuvo una reacción negativa ante la confesión de Sacks por su condición de persona homosexual.

Cuando tan solo contaba con seis años de edad, fue evacuado de su Londres natal junto a su hermano Michael, con el objetivo de escapar de los bombardeos alemanes. Así, tuvieron que vivir juntos en un internado hasta el año 1943.

De esta forma, la etapa más temprana en la vida de Oliver Sacks, no era especialmente prometedora. Más aún cuando en el internado sufrían crueles castigos por parte de su director y las condiciones de alimentación y mantenimiento dejaban mucho que desear. Cuando volvió a Londres, comenzó a estudiar en la St Paul’s School.

Empezó a entusiasmarse por la química y la ciencia durante los siguientes años, creciendo cada vez más su gusto por la medicina, siguiendo la estela de sus padres. Por ello, empezó en 1951 a estudiar la licenciatura de fisiología y biología en Oxford, donde se graduó tres años después.

Sacks: mucho más que un buen médico, un gran narrador

Y a pesar de que según sus propias palabras no era un estudiante especialmente brillante, su habilidad para escribir y narrar todas las ideas que cruzaban por su mente lo llevaron a convertirse en un referente de la medicina y, sobre todo, a ser un narrador de gran calidad.

Tras completar esta primera etapa de sus estudios universitarios, terminó cursando la maestría en cirugía, lo que le capacitaría para ejercer como médico. Una vez concluidos sus estudios, comenzó a trabajar en un hospital e hizo sus prácticas de medicina en el de Middlesex hasta 1960.

Nada más acabar esta etapa, sufrió el rechazo para convertirse en piloto de las Fuerzas Aéreas de Canadá. Pero, en lugar de volver a su país, se dedicó a recorrer el país norteamericano durante los tres meses siguientes, lo cual no solo le serviría para poner su vida en perspectiva, sino que le sirvió de inspiración para publicar su obra Canadá. Una pausa.

No tenía intención de volver a Europa para seguir trabajando, sino que se mudó a Estados Unidos para realizar un período de residencia en el Hospital Mt. Zion de San Francisco y completar una beca en la prestigiosa Universidad de California (UCLA).

Durante esta época, pudo desempeñar su profesión dentro del campo de la medicina ejerciendo su labor como profesor en la Universidad de Nueva York y también en la de Columbia, donde además ocupó el cargo de Artista de Columbia.

Las mil y una aficiones de Sacks

Aunque en ningún momento dejó de lado sus aficiones de lo más variopintas, en especial por las motos, la halterofilia y la música. Aunque su profesión primaria era la de neurólogo, lo cierto es que su carácter naturalmente curioso le llevaría a escribir sobre diversas temáticas y su relación con la mente y el cerebro humano, como es el caso de su libro Musicofilia.

Precisamente de su pasión por las motos nacería El relato Travel Happy, de 1961, a consecuencia de un viaje en moto de 12000 km cuando decidió convertirse en ciudadano estadounidense tras conseguir su permiso de trabajo. Pero no todo serían luces, pues también hubo sombras: se inició en el consumo de drogas.

Algunas de sus obras tenían un marcado carácter autobiográfico, como Tío Tungsteno, Alucinaciones o Con una sola pierna. En otras, describía con gran argucia y precisión casos clínicos, como en Despertares o El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

Precisamente en su obra Despertares, qué más tarde sería llevada al cine, habla de la relación especial que estableció con sus pacientes de encefalitis letárgica y del tratamiento con L-dopa que les administró, el cual fue totalmente innovador.

Tampoco era un hombre con reparos a la hora de establecer sus puntos de vista en cuanto a lo personal. Aunque se había criado en el judaísmo, no era practicante. Mantuvo una relación con el escritor Billy Hayes durante sus últimos años hasta que murió, víctima de un melanoma ocular.

A lo largo de todas sus obras escritas, como durante el ejercicio de su profesión desde sus inicios hasta el final, quedó patente su carácter lleno de vitalidad, deseoso de libertad y plenamente concienciado con la relación que establecía con sus pacientes.

Por ello, no es extrañar que su trayectoria y su dedicación absoluta a la medicina, la cual compaginaba con sus hobbies y aficiones, dieran como fruto su contribución en diferentes publicaciones en The New Yorker, además de sus escritos científicos y médicos y sus libros traducidos a varios idiomas.

Su último libro en 2012, Alucinaciones, pretendió acabar con el estigma que rodea a las personas que las experimentan y ahondaba en las causas por las que pueden producirse. No solo pretendía explorar y explicar, sino que además buscaba concienciar.

Quizá por su enfoque innovador y rebelde, se ganó las críticas de buena parte del sector médico, quienes lo acusaban de explotar en cierta manera a sus pacientes. En cualquier caso, sus contribuciones al campo de la neurología y su exquisitez narrativa quedarían demostradas para siempre.