Hay grandes figuras de la psicología que nos crean cierta fascinación. Tal es el caso de Kurt Koffka. ¿Cuáles fueron sus comienzos? ¿Cómo empezó su andadura en el área de la psicología cognitiva? Quizás dar un repaso por su vida nos ayude a comprender el legado que nos dejó.



Los inicios de la vida de Kurt Koffka

Koffka nació en el año 1886 en Berlín. Como nuevo integrante de una familia acomodada en la que predominaban profesionales de la abogacía, era de esperar que él también se decidiese por estudiar la carrera de Derecho y seguir así con la tradición familiar. Sin embargo, no fue así.

Comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad de Berlín. Ya desde su juventud y tras romper con “las reglas”, podemos hacernos una idea de su carácter más rompedor, algo que también veremos reflejado en las diferentes teorías e ideas que acabaría desarrollando en el futuro.

Pasan los años universitarios y así es como termina doctorándose tan solo a los 22 años de edad. Al mismo tiempo que vive en Edimburgo, aprende inglés con fluidez y consigue una posición privilegiada en los países anglosajones para promover sus teorías y expandir sus estudios. Fruto de esta etapa, nace su tesis “Investigaciones Experimentales del Ritmo”.



Por aquella época, imperaban las teorías del elementarismo alemán, y Koffka pasaría los siguientes años trabajando en diferentes ambientes y laboratorios de psicología que cuestionaban dicho elementarismo. Y su carrera no había hecho más que empezar.

La creación de la escuela de la Gestalt

Junto con Wertheimer y Köhler, comenzaría en el año 1912 el movimiento que iniciase la escuela de la Gestalt. No sería ya hasta el año 1925 que se trasladaría a los Estados Unidos de América. Allí fue profesor universitario y activo representante del movimiento de la Gestalt.

Así, junto con su compañero Köhler, participa en las conferencias de la Clark University, siguiendo la estela de figuras como Freud. Su época más productiva tuvo lugar entre las dos grandes guerras, ya que siguió ejerciendo como investigador y profesor hasta su muerte en 1941, un año antes de la Segunda Guerra Mundial.

Sin duda, junto con sus compañeros Wertheimer y Köhler, formaban un equipo perfecto. De hecho, cada uno de ellos, con sus logros y contribuciones, apuntaló una estructura sólida que condujo sus teorías y desarrollos hacia el éxito y el reconocimiento del resto del sector.

Basados en un exhaustivo método empírico, no dejaron de trabajar durante todos estos años, y precisamente a Koffka es a quien más se le atribuye un gran historial de trabajo empírico. Sus obras más reconocidas son “El Crecimiento de la Mente” de 1921, y “Principios de la Psicología Gestáltica”, de 1935.

Las contribuciones de Kurt Koffka en el mundo de la educación, el aprendizaje y la memoria

Tantos años de investigación y estudio a través de la psicología de la Gestalt tuvieron sus repercusiones en la forma de ver la pedagogía, la memoria y la forma en la que aprendemos. Según Koffka, los niños organizan sus primeras experiencias en “todos”, para ir diferenciándolas y organizándolas a medida que crecen y maduran.

También fue un firme defensor de la idea de que aprendemos comprendiendo las situaciones que nos ocurren. Queda patente en su obra “El crecimiento de la mente”. Así es como se posiciona claramente en contra de las teorías que defienden el aprendizaje por ensayo y error.

De esta forma, las investigaciones y teorías de Koffka irían moldeando el sistema educativo norteamericano. Por fin, empezaban a poner el foco en la enseñanza y el aprendizaje mediante la comprensión, y no meramente basado en la memorización de conceptos y procesos.

Apoyado por el resto de su equipo y estudiantes, trabaja en la percepción visual, convirtiéndose en la principal línea de investigación que daría más notoriedad al nacimiento del movimiento de la Gestalt. Gracias al trabajo en equipo, sacaron adelante una gran cantidad de material.

Según la constancia perceptiva defendida por Koffka, los humanos podemos percibir las cualidades de los objetos a través de nuestra percepción visual y comprender que se trata del mismo objeto, aunque las condiciones de iluminación, distancia y perspectiva cambien de manera inmediata o sustancial.

Estas ideas están ligadas a su teoría de las trazas, por la que argumenta que cada evento experimentado provoca cierta actividad en nuestro cerebro, dejando una traza de memoria que perdurará en el tiempo, aún después de que ese evento haya finalizado. Cada vez que vuelva a vivirse una experiencia relacionada, nuestra memoria recurrirá a esa traza.

Sin lugar a dudas, esta es una más de sus innumerables contribuciones al mundo de la psicología, basándose en el cognitivismo y con estrecha relación con el constructivismo, teorías que hoy en día han emergido con más fuerza que nunca como elementos de mejora de la educación.

KOFFKA, KURT (1886 – 1941)
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