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TOMÁS DE AQUINO (1225-1274)

Frases célebres de Tomás de Aquino

Tomás de Aquino nació en 1225 en Nápoles, Italia. Era hijo de una familia noble, estudió en el monasterio de Montecasino y en la Universidad de Nápoles. En el año 1244 toma el hábito como dominico y conoce a Alberto Magno, con quien estudiará en Colonia. Posteriomente en 1252 ejerce como maestro de teología en la Universidad de París, y en otras ciudades europeas como Roma, Bolonia y Nápoles.

Es el autor de la Summa Theologica, libro en el cual se integran las enseñanzas de Aristóteles con las doctrinas del cristianismo primitivo. En parte a raíz de esta obra, Aquino fue canonizado en el año 1323 y se convirtió en Santo Tomás.

Aunque era filósofo y teólogo, Aquino tuvo gran repercusión en las ideas de la psicología a causa de su énfasis en la importancia del libre albedrío.

Según él, todo ser humano posee un alma inmortal, que no pertenece al mundo natural: transita por el mundo de la materia, pero no forma parte de él, y en consecuencia no está sujeta a la ley natural ni sometida a las causas y efectos. Si esto es así, resulta bien fundada nuestra certidumbre de que podemos gobernar nuestra conducta, de que podemos efectuar verdaderas elecciones como seres humanos.

Si el libre albedrío es una realidad, ello resulta a la vez terrible y maravilloso. Es terrible porque una tremenda carga se impone entonces sobre nuestros hombros: somos los responsables últimos de toda acción. Y es maravilloso porque esto nos diferencia de los robots y de los objetos.

La doctrina del libre albedrío ha ejercido gran influencia en el existencialismo y en la psicología humanística.

El 7 de marzo de 1274 murió en Fossanova, camino del segundo concílio de Lyon.

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