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ARISTÓTELES (384-322 a. C.)
En esa época se creía que existían dos mundos: el mundo de las ideas (un mundo perfecto, irreal) y el mundo
de la materia (el real, el imperfecto). Pero Aristóteles creyó que solamente existía un mundo, el real,
consideraba la naturaleza como algo sagrado, en donde todas las cosas podían estar de dos formas posibles: en acto,
cuando se tiene todas las propiedades en ese mismo momento y en potencia, cuando todavía no han desarrollado las
propiedades, pero las tendrán en un futuro. Por ejemplo, un niño es un adulto en potencia, pero un niño en acto. Creía que los procesos de conocimiento se producen a través de los sentidos. Sostenía que la mente en el momento del nacimiento es como una tabla rasa, carece de ideas innatas y todo depende del aprendizaje. Aprender depende directamente de la memoria, que trabaja en base a la semejanza (relacionando cosas parecidas), el contraste (observando diferencias) y la contigüidad (recordamos cosas que están juntas en espacio y tiempo). Aristóteles afirmaba que los procesos de motivación estaban guiados por dos polos: agrado y desagrado. Nuestra mente nos guía hacia el agrado y rechaza o nos separa del desagrado. El fin último de cualquier motivación es la felicidad y ésta se consigue con la búsqueda del autoperfeccionamiento; ser más perfectos y completos. Los puntos de vista de Aristóteles en materia psicológica han ejercido gran influencia y marcado gran parte de nuestras ideas sobre el comportamiento humano a lo largo de las épocas. Sus doctrinas tuvieron particular repercusión en las premisas occidentales sobre el aprendizaje y la motivación. |