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ANÁLISIS
DEL CONCEPTO "DEPENDENCIA EMOCIONAL"
RESUMEN
La dependencia emocional es un concepto
utilizado con cierta frecuencia, pero que no ha sido claramente delimitado ni
estudiado. En el presente artículo se propone analizarlo en profundidad.
Primero, se revisarán conceptos afines como apego ansioso, sociotropía,
personalidad autodestructiva, codependencia o adicción amorosa. Se analizarán
los paralelismos y las diferencias que presentan con la dependencia emocional
obedeciendo a un doble fin: (1) profundizar en ella sirviéndonos de las
similitudes con dichos conceptos, y (2) delimitarla considerando las
discrepancias, ya sean de contenido o de perspectiva. A continuación se
detallarán las características que posee el mencionado constructo, que se
define como un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que
se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas, y se formularán hipótesis
etiológicas fundamentadas en las relaciones afectivas frustrantes y
perturbadoras existentes en la historia de estos sujetos. Finalmente, se
efectuarán consideraciones sobre la ubicación de la dependencia emocional en
los sistemas de clasificación psicopatológica actuales, y se propondrá la
creación a tal efecto de un trastorno específico de la personalidad. La citada
propuesta nosológica nos conduciría al logro de una entidad propia y a una
delimitación clara del citado concepto, de forma que dejaríamos de asimilar
los problemas de estos pacientes a los esquemas teóricos y clínicos propios
del apego ansioso, la sociotropía, la personalidad autodestructiva, la
codependencia o la adicción al amor, que, como mostraremos, no son enteramente
satisfactorios.
PALABRAS CLAVE
Dependencia emocional, apego ansioso, codependencia, personalidad
autodestructiva, sociotropía, adicción al amor, trastorno de la personalidad
ANÁLISIS DEL CONCEPTO "DEPENDENCIA
EMOCIONAL"
1.- INTRODUCCIÓN.
Utilización del término "dependencia emocional"
Cuando leemos en algún artículo que un paciente presenta un patrón
interpersonal de dependencia emocional, o que depende emocionalmente de su
psicoterapeuta, todos sabemos a grandes rasgos de qué tipo de psicopatología
nos están hablando. Igualmente, en medios de divulgación como prensa, radio o
televisión, en los libros de autoayuda, e incluso en conversaciones informales,
aparece la "dependencia emocional". Sin embargo, este término se
utiliza escasamente en la literatura científica y no tiene el estatus de otros
constructos personológicos como "introversión",
"narcisismo" o "asertividad", por citar sólo algunos
conocidos.
No obstante, la dependencia emocional sí se ha estudiado indirectamente
mediante conceptos afines. Dichos conceptos tienen entidad propia, pero nos han
servido para conocer mejor a este fenómeno y a esta clase de pacientes, y
especialmente nos han proporcionado un marco de referencia para su comprensión,
evaluación y tratamiento. Es posible que cuando nos referimos a un paciente que
presenta una pauta permanente de apego ansioso, a otro que mantiene
relaciones autodestructivas, a un tercero codependiente de un
alcohólico, a otro con depresión sociotrópica, y a uno más con adicción
amorosa, estemos en ocasiones hablando con términos o perspectivas
diferentes de un mismo tipo de personas: los dependientes emocionales. No cabe
duda de que la aproximación que nos ofrecen estos conceptos similares es sólo
tangencial, y que no podemos equipararlos o utilizarlos como sinónimos; lo más
beneficioso sería, entonces, estudiar los puntos que tienen en común con la
dependencia emocional con el fin de conocerla en profundidad, y después
analizar las diferencias que sin duda existen.
Objetivos del presente artículo
Este trabajo tiene varias finalidades. Una de ellas es defender la entidad
propia del concepto, a efectos de disponer de un mayor bagaje de conocimientos
sobre él. Esto nos permitiría identificar a los pacientes con dependencia
emocional, comprender mejor sus problemas, realizar hipótesis etiológicas
fundadas para contrastarlas empíricamente, desarrollar instrumentos
estandarizados de evaluación, o diseñar estrategias terapéuticas específicas.
En segundo lugar, y como ya se ha comentado, diferenciar este constructo de
otros similares que también se revisan. Se examinará dónde existe
solapamiento y dónde no, discutiéndose el tipo de discrepancia que se produce
(de contenido o de perspectiva).
A continuación, profundizar en el estudio de la dependencia emocional, que se
define como un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que
se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas, analizándose aspectos
como sus características, las diferentes hipótesis etiológicas que se
sostienen sobre la génesis de este fenómeno, o su ubicación en los sistemas
de clasificación psicopatológica actuales. Nos serviremos para ello de las
mencionadas afinidades con otros conceptos (sociotropía, personalidad
autodestructiva, apego ansioso, codependencia y adicción amorosa) que nos serán
útiles para aprovecharnos de los hallazgos obtenidos en su investigación, además
de utilizar la experiencia clínica con dependientes emocionales.
2.- CONCEPTOS AFINES. SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS.
Apego ansioso
En sus trabajos, J.Bowlby describe un tipo especial de apego infantil, en el que
el niño tiene un miedo constante a la separación de una figura vinculada (por
ejemplo, la madre), protesta enormemente cuando se aleja y se aferra a ella de
una manera excesiva. Como su propio nombre indica, el vínculo que mantienen
estos niños no es seguro, y esto produce en ellos un continuo estado de alerta
ante la temida separación y desprotección. Según el citado autor, la
explicación radica en que estos miedos son justificados a causa de la frecuente
historia de separaciones como internamientos en orfanatos, hospitalizaciones,
etc.; o bien de amenazas recurrentes de abandono, que como bien describe Bowlby
pueden revestir infinidad de formas: desde llevar al niño a un castillo plagado
de monstruos, hasta dejarlo solo en un lugar desconocido, por poner únicamente
dos ejemplos(1),(2).
El apego ansioso o ansiedad de separación se ha relacionado con psicopatologías
adultas como la depresión y la agorafobia(1),(3) e indirectamente con el
comportamiento violento o antisocial(2).
Las similitudes de este concepto con la dependencia emocional son evidentes; de
hecho, en ésta se presentan los tres subcomponentes fundamentales del apego
ansioso: temor a la pérdida de la figura vinculada, búsqueda de proximidad, y
protesta por la separación(4).
La diferencia entre el apego ansioso y la dependencia emocional se basa en el
enfoque excesivamente conductual del primero, es decir, en que en su
conceptualización los fenómenos del apego y de la separación están
minusvalorados afectivamente. De hecho, las referencias explícitas a las
emociones se producen cuando se describe la reacción ante un apego exitoso
(bienestar, alegría) o uno frustrado (ansiedad, tristeza o ira)(2), por lo que
se echa en falta una mayor relevancia del componente afectivo del vínculo.
Bowlby otorga una importancia excesiva a una separación puntual o al recuerdo
de amenazas de abandono, y sin duda la tienen, pero sólo si son un aspecto más
de unas relaciones familiares perturbadas o insatisfactorias. Autores como
M.Rutter han expuesto muy acertadamente que lo patógeno no es en sí una
separación temporal, sino la pérdida de vínculos afectivos creados, y mucho más
cuando no hay oportunidad para crear otros nuevos o se producen situaciones de
indefensión (peligros, soledad, entorno desconocido)(5). El mencionado autor
llegó a la conclusión fundada empíricamente de que tanto las experiencias
repetidas de desamparo como la deficiente calidad de la relación previa podían
ser por sí mismas determinantes de la ansiedad de que se produzca una separación,
y por tanto del apego ansioso posterior. Esto explicaría las diferencias
individuales en las reacciones ante la separación, observadas por el propio
Bowlby.
El enfoque etológico propugnado por este autor puede haber influido en esta
perspectiva puramente observacional de acontecimientos y reacciones manifiestas,
minusvalorando los sentimientos subyacentes. La finalidad evolutiva de la
conducta de apego, según el citado autor, sería la del cuidado de la progenie
y protección contra los peligros, resultando suficiente para el niño la cercanía
de un adulto -siempre y cuando no tenga expectativas negativas al respecto, como
sucede cuando se han producido de hecho separaciones o amenazas-. En el presente
trabajo se sostiene que el vínculo afectivo presenta una segunda finalidad biológica
aparte de proporcionar seguridad, y es la de relacionar emocionalmente a los
individuos con el propósito de lograr una organización social cohesionada, y
es esta finalidad la que está directamente relacionada con la dependencia
emocional. Aquí la necesidad insatisfecha no es la de protección y
cuidado, única invocada en la teoría del apego, sino la de afecto, y así lo
demandan explícitamente las personas que sufren de carencias emocionales. Las
figuras vinculadas no son sólo "bases seguras"(2).
En definitiva, nos encontramos con que los dependientes emocionales siempre
presentan apego ansioso, pero lo contrario no es cierto, porque la ansiedad de
separación se puede dar también por otros motivos como la indefensión o la
falta de capacidades para desenvolverse en la vida cotidiana, como por ejemplo
se produce en las personas diagnosticadas de trastorno de la personalidad por
dependencia (ver más adelante).
Sociotropía
Desde hace tiempo se ha observado que existen dos grandes tipos de estilos
cognitivos en los pacientes deprimidos: uno de ellos centrado en la dependencia
interpersonal, la necesidad imperiosa de afecto, o el temor y la sobrevaloración
del rechazo; el otro más independiente y perfeccionista, con rumiaciones sobre
el fracaso o la inutilidad. Al primero de los estilos cognitivos se le denominó
"sociotropía" y al segundo "autonomía", pasando después a
considerarse como rasgos de personalidad predisponentes a la depresión, que
interactuaban con eventos vitales que los pacientes percibían como estresantes
de acuerdo con sus creencias(6).(7),(8) y que poseían perfiles sintomatológicos
diferentes(9). En la sociotropía, los acontecimientos desencadenantes estarían
más ligados al rechazo, y en la autonomía a los logros personales(10),(11).
Podemos afirmar que la sociotropía ha tenido más aceptación y evidencia empírica
favorable que la autonomía, encontrándose en este constructo hallazgos
contradictorios sobre su validez(6),(9),(12),(13).
Sin duda, la sociotropía es uno de los conceptos más parecidos al que estamos
estudiando en el presente trabajo. Los lamentos y las creencias subyacentes en
un caso de depresión sociotrópica son fieles exponentes del sufrimiento que
puede llegar a padecer un dependiente emocional, hasta el punto que podemos
hablar de conceptos solapados. No obstante, para cumplir con nuestro objetivo de
situar a la dependencia emocional donde le corresponde, no podemos considerarla
únicamente como un rasgo de personalidad que predispone a la depresión. Un
concepto que ha de tener relevancia propia no debe estar subordinado a otro; sería
como concebir a la evitación solamente como un rasgo que predispone a padecer
ciertos trastornos de ansiedad. Situar un rasgo de personalidad en la
perspectiva de la depresión trae como consecuencia descuidar su existencia en
pacientes asintomáticos, al margen de que el término "dependencia
emocional" sea mucho más adecuado que el de "sociotropía" para
dar cuenta de los componentes fundamentales de necesidad y anhelo subyacentes.
Personalidad autodestructiva
Desde el psicoanálisis clásico se ha venido estudiando un tipo llamativo de
carácter, en el que aparentemente se busca el dolor y se niega la experimentación
de sensaciones agradables o placenteras. Desde su denominación original de
"masoquista", esta personalidad ha pasado a convertirse en
"autodestructiva", con tal de eliminar la supuesta necesidad de
castigo o el placer en el dolor que se habían sugerido como hipótesis etiológicas
desde la tradición psicodinámica. Actualmente este concepto se considera como
un trastorno de la personalidad, caracterizado por: mantenimiento de relaciones
interpersonales de subordinación; rechazo de ayuda o elogios; estado de ánimo
disfórico y/o ansioso; minusvaloración de los logros; tendencia a emparejarse
con personas explotadoras; escasa evitación del dolor; asunción del papel de víctima;
etc.(14). Además, poseen escasas habilidades sociales como la
asertividad(15),(16) tienden a padecer trastornos depresivos(17) su autoestima
es muy baja(18), y apenas experimentan placer en sus vidas(19),(20).De acuerdo
con el presente trabajo, se ha relacionado la personalidad autodestructiva con
la sociotropía(17) y con apegos ansiosos(21).
El componente más afín de este concepto con la dependencia emocional es, sin
duda, el interpersonal. La descripción de las relaciones de sumisión que
llevan a cabo, el anhelo por preservarlas a cualquier coste, o el emparejamiento
con personas narcisistas y explotadoras, son también la esencia de la
dependencia emocional, que, ciertamente, es autodestructiva. Otros rasgos son
también comunes, como el estado de ánimo disfórico o la pobre autoestima. No
obstante, existen otros componentes como la escasa evitación del dolor, el
rechazo de ayuda, o los comportamientos autopunitivos y de "sabotaje
interno", que no son propios del concepto objeto del presente estudio.
Pero la diferencia más fundamental, que se expone a continuación, es de
perspectiva. Se han postulado numerosas hipótesis para explicar este
comportamiento, desde las psicoanalíticas tradicionales sobre la génesis del
masoquismo, hasta otras más modernas de diversa procedencia teórica. Desde el
conductismo se ha afirmado que el comportamiento autodestructivo pudo haber sido
reforzado con cuidados y atención en la historia de estos sujetos, pero se ha
encontrado que es más bien todo lo contrario: cuando estas personas estaban
enfermas recibían una mayor desatención, inconsistencia y falta de cariño(22).
Las hipótesis psicodinámicas más actuales giran en torno a la psicología del
self (utilizaremos "self" en lugar de "sí-mismo") y se
fundamentan en la necesidad crónicamente insatisfecha de simbiosis con
determinadas personas -objetos del self-, a efectos de reafirmar la
autoestima(23),(24). En el capítulo dedicado a las hipótesis etiológicas nos
detendremos en esta interesante propuesta. Desde un punto de vista más ecléctico
que integrador, Millon y Davis(25) especulan que los masoquistas -utilizando su
terminología- persisten en las situaciones de sufrimiento para acostumbrarse
mejor al dolor, expían sus culpas por deseos no reconocidos, y asocian el
sometimiento con la aceptación.
Como podemos observar, muchas de las hipótesis parten del supuesto de que estos
sujetos son masoquistas (es decir, gozan del dolor) o por lo menos
"autodestructivos", término que continúa recordándonos su
procedencia psicoanalítica y que sigue teniendo connotaciones peyorativas, como
la de inculpar a la víctima. Como veremos más adelante, desde este trabajo se
proponen hipótesis etiológicas de naturaleza bastante diferente, quizá más
cercanas a las provenientes de la psicología del self, y que se centran más en
las graves carencias emocionales y en el mantenimiento de pautas relacionales
patogénicas como la idealización excesiva, la subordinación a la persona
encumbrada o la continua autoanulación para congraciarse con ella. Los
dependientes emocionales no tienen como fin autodestruirse, y ni mucho menos
gozan del dolor, sino que tienen una autoestima deficiente, un sentimiento
continuo de soledad y una insaciable necesidad de afecto que les conducen a
emparejarse con personas explotadoras, que les maltratan y no les corresponden.
Ésta es la diferencia fundamental con la personalidad autodestructiva.
Codependencia
Este concepto, un tanto confuso, se creó para dar cuenta de las diversas
perturbaciones emocionales que ocurrían en las parejas de personas con
trastornos relacionados con sustancias. Aunque no se puede definir claramente un
patrón de personalidad codependiente, sí existen ciertas características
identificativas de estas personas: se obsesionan y preocupan más del trastorno
relacionado con sustancias -generalmente alcoholismo y toxicomanías- que la
propia persona que lo padece, con la consiguiente necesidad de control de su
comportamiento(26),(27); presentan una gran comorbilidad con trastornos del eje
I(28); se descuidan o autoanulan(28),(29); tienen baja autoconfianza y
autoestima(26),(28),(30); y se involucran continuamente en relaciones de pareja
dañinas y abusivas(29).
Aparentemente, los paralelismos con la dependencia emocional son
incuestionables: baja autoestima, subordinación, desarrollo de relaciones
interpersonales destructivas, temor al abandono, o falta de límites del ego. No
obstante, analizando más en profundidad este concepto, surgen algunas
discrepancias. La primera es de perspectiva, y es que la codependencia está
condicionada por otra persona, generalmente un alcohólico o un toxicómano,
aunque también se haya extrapolado este concepto a otras situaciones como la
convivencia con enfermos crónicos. Los dependientes emocionales no están
vinculados necesariamente con personas que sufran enfermedades o condiciones
estresantes crónicas como las mencionadas, e incluso pueden estar solos. El
concepto de codependencia se sitúa en la perspectiva de los trastornos
relacionados con sustancias.
La segunda diferencia es de contenido. Aunque, como hemos dicho, no podemos
configurar un patrón homogéneo de la personalidad de los codependientes, sí
es frecuente en ellos la autoanulación para entregarse y cuidar a la persona
con problemas. Ciertamente, un dependiente emocional puede realizar los mismos
actos, pero con una diferencia notable de fondo: lo hará únicamente para
asegurarse la preservación de la relación, y no por esa continua entrega y
preocupación por el otro que caracteriza a los codependientes. Podríamos
calificar a los codependientes como abnegados, siendo sus motivos altruistas aun
con una desatención patológica hacia sus propias necesidades; estando el
dependiente emocional en el caso opuesto, centrado únicamente en sus
gigantescas demandas emocionales. Cuidar y entregarse sería un fin para el
codependiente, y sólo un medio para el dependiente emocional. En todo caso, al
no tratarse de una diferencia lo suficientemente manifiesta, muchos dependientes
emocionales emparejados con personas alcohólicas o toxicómanas habrán sido
calificados como "codependientes", motivo por el cual se incluye este
concepto en la revisión de términos afines.
Adicción al amor
Conceptualmente, podemos equiparar la adicción amorosa con la dependencia
emocional. Se trata de una de las nuevas "adicciones sin sustancias",
aunque es posiblemente tan antigua como el propio ser humano. Algunos trabajos
han estudiado este fenómeno comparándolo con el modelo tradicional de los
trastornos relacionados con sustancias(31),(32),(33) encontrando numerosas
coincidencias que han justificado su denominación de "adicción":
necesidad irresistible ("craving") de tener pareja y de estar
con ella; priorización de la persona objeto de la adicción con respecto a
cualquier otra actividad; preocupación constante por acceder a ella en caso de
no encontrarse presente ("dependencia"); sufrimiento que puede
ser devastador en caso de ruptura ("abstinencia"), con
episodios depresivos o ansiosos, pérdida aún mayor de autoestima, hostilidad,
sensación de fracaso, etc.; y utilización de la adicción para compensar
necesidades psicológicas.
Como hemos dicho, la equivalencia de contenido con la dependencia emocional es
total. No podemos afirmar lo mismo en el caso de la perspectiva de ambos
conceptos, y es que en la adicción amorosa el punto de vista se focaliza en las
relaciones interpersonales, es decir, en la existencia de una dependencia real
hacia un objeto de adicción: la pareja. En este momento reiteramos lo expuesto
en la revisión de la codependencia, y es que el dependiente emocional no
necesariamente tiene que estar involucrado en una relación para serlo. Podemos
clarificar esta matización manifestando que el dependiente emocional puede
estar "asintomático" -entendiendo la adicción como el síntoma- pero
por supuesto continuar siéndolo, y que sólo se convertirá en un adicto al
amor cuando esté involucrado en una de sus numerosas relaciones destructivas.
Esta diferencia de perspectiva es fundamental, porque si se nos presenta en la
consulta una persona con tendencia a ser "adicta al amor" pero que
actualmente se encuentra sola, quizá pensemos que nos baste con una prevención
de recaídas dentro de un planteamiento cognitivo-conductual (por otra parte,
totalmente indicado para cualquier otra adicción con o sin sustancias);
mientras que si entendemos al paciente como a un dependiente emocional,
enfocaremos la intervención en la comprensión y reestructuración de su
personalidad, utilizando técnicas interpersonales, psicodinámicas, o de
reestructuración cognitiva sobre sus creencias nucleares.
Conclusiones
No cabe duda de que estos conceptos se solapan en gran medida con la dependencia
emocional y entre ellos mismos(17),(32), pero en ningún caso podemos afirmar
que sean sinónimos o totalmente equivalentes. Se han detallado las diferencias
existentes con el propósito de delimitar el concepto objeto del presente
estudio, matizando si éstas eran de contenido (comportamiento derrotista y búsqueda
del dolor -personalidad autodestructiva-, abnegación -codependencia-) o de
perspectiva de estudio (subordinación a trastornos depresivos -sociotropía-,
influencia de determinados presupuestos etiológicos y connotaciones peyorativas
del término -personalidad autodestructiva-, enfoque prioritariamente conductual
-apego ansioso- o existencia imprescindible de otra persona, sea dependiente de
sustancias u objeto de adicción -codependencia y adicción amorosa
respectivamente-). Siendo estos conceptos importantes y necesarios, en el
presente trabajo se señala la necesidad de la creación de uno específico para
la dependencia emocional, que nos proporcione a los profesionales de la salud
mental un adecuado marco de referencia para la comprensión y tratamiento de
este fenómeno psicopatológico.
3.- CARACTERÍSTICAS DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL.
Como se ha indicado, se define la dependencia emocional como un patrón crónico
de demandas afectivas frustradas, que buscan desesperadamente satisfacerse
mediante relaciones interpersonales estrechas. No obstante, como expondremos más
adelante, esta búsqueda está destinada al fracaso, o, en el mejor de los
casos, al logro de un equilibrio precario. A continuación detallaremos las
características que posee este constructo, clasificadas en diferentes ámbitos.
Es preciso recordar en este momento que lo que conocemos sobre las características
y la etiología de la dependencia emocional proviene del análisis de los
conceptos afines antes reseñados -sobre todo aquéllos similares en su
contenido-, y por supuesto de la experiencia clínica con estos pacientes.
Relaciones interpersonales
En este apartado nos centraremos en las relaciones de pareja por ser las más
representativas, aunque gran parte de lo expuesto sobre éstas se puede
extrapolar perfectamente a otras, con las lógicas diferencias de la significación
que tengan para el individuo. Por ejemplo, un dependiente emocional puede tener
pautas similares de interacción con un amigo y con su pareja, pero la
intensidad de sentimientos, pensamientos y comportamiento será menor.
Para describir las relaciones que llevan a cabo estas personas, nos apoyaremos
parcialmente en el trabajo de B.Schaeffer sobre los adictos al amor(33) y en las
interacciones que se producen en la personalidad autodestructiva.
Éstas son las características de las relaciones interpersonales, especialmente
de pareja, de los dependientes emocionales:
· Necesitan excesivamente la aprobación de los demás.
Por supuesto, a medida que el vínculo es más relevante la necesidad es mayor,
pero también hay cierta preocupación por "caer bien" incluso a
desconocidos. Lo excesivo de esta necesidad genera en ocasiones rumiaciones
sobre su aceptación por un determinado grupo, empeños en tener una buena
apariencia, o demandas más o menos explícitas de atención y afecto.
· Gustan de relaciones exclusivas y "parasitarias".
Éste es uno de los rasgos más molestos en estas personas, motivo frecuente de
enfados y rupturas. La necesidad de la pareja (o del amigo, hijo...) es
realmente una dependencia como se produce en las adicciones, lo que genera que
el otro sujeto se sienta con frecuencia invadido o absorbido. El dependiente
emocional quiere disponer continuamente de la presencia de la otra persona como
si estuviera "enganchado" a ella, aspecto comportamentalmente similar
al apego ansioso. Llamará continuamente a su pareja al trabajo, le pedirá que
renuncie a su vida privada para estar más tiempo juntos, demandará de ella
atención exclusiva y todavía le parecerá insuficiente, etc. No debemos perder
de vista que el motivo subyacente no es la posesión o el dominio, sino la
tremenda necesidad afectiva de estos individuos. En cualquier caso, es
comprensible la sensación de agobio que produce en sus parejas.
· Su anhelo de tener pareja es tan grande, que se ilusionan y fantasean
enormemente al comienzo de una relación o con la simple aparición de una
persona interesante.
En sus trabajos sobre la adicción al amor, Schaeffer compara este fenómeno con
la intoxicación de los alcohólicos o drogodependientes. Posiblemente, son de
los pocos momentos verdaderamente felices de su vida: cuando empiezan una relación
o al menos tienen posibilidades de que esto ocurra. La excesiva euforia que
manifiestan se refleja en expectativas irreales de formar pareja con alguien a
quien no conocen bien, o en su injustificado encumbramiento.
· Generalmente adoptan posiciones subordinadas en las relaciones, que se pueden
calificar de "asimétricas".
Esta característica ha sido muy estudiada en la investigación sobre la
personalidad autodestructiva. Su pobre autoestima, y la elección frecuente de
parejas explotadoras (ver más adelante el apartado sobre la "elección de
objeto") conducen al dependiente emocional a una continua y progresiva
degradación. Tienen que soportar desprecios y humillaciones, no reciben
verdadero afecto, en ocasiones pueden sufrir maltrato emocional y físico,
observan continuamente cómo sus gustos e intereses son relegados a un segundo
plano, renuncian a su orgullo o a sus ideales, etc. Su papel se basa en
complacer el inagotable narcisismo de sus parejas, pero lo asumen siempre y
cuando sirva para preservar la relación.
· Dicha subordinación es un medio, y no un fin.
Es importante diferenciar la subordinación altruista, que puede darse en
personalidades abnegadas o en codependientes, de la egoísta, que es la que
aparece aquí. Los dependientes emocionales se dan para recibir por su terrible
anhelo de mantener la relación, igual que el jugador patológico gasta todos
sus ahorros por la irresistible necesidad de continuar jugando.
· Sus relaciones no llenan el vacío emocional que padecen, pero sí lo atenúan.
Hemos comentado que los pocos momentos de felicidad se producen ante la
posibilidad de iniciar una relación, y es que las enormes expectativas que
despierta no se ven luego cumplidas. Las parejas que forman suelen ser tan
insatisfactorias como patológicas porque no se produce intercambio recíproco
de afecto, responsable del incremento de la autoestima y de la calidad de vida
de sus componentes. No obstante, estas personas están tan poco acostumbradas a
quererse y a ser queridas que no esperan cariño de su pareja, simplemente se
enganchan obsesivamente a ella y persisten en la relación por muy frustrante
que ésta sea. Como veremos más adelante, necesitan tremendamente de otra
persona, pero en realidad no conocen lo que demandan porque nunca lo han
disfrutado de manera adecuada: afecto.
· La ruptura les supone un auténtico trauma, pero sus deseos de tener una
relación son tan grandes que una vez han comenzado a recuperarse buscan otra
con el mismo ímpetu. Suelen tener una prolongada historia de rupturas y nuevos
intentos.
Tras todo lo expuesto, es inevitable que antes o después devenga una ruptura,
aunque curiosamente no parta del dependiente emocional, sino de su pareja
narcisista que, como veremos más adelante, busca a una nueva persona que le
rinda pleitesía. A esto puede contribuir el comportamiento excesivamente
apegado de la persona con necesidades emocionales, su estado de ánimo ansioso y
disfórico, el paradójico desprecio del narcisista hacia la persona que se
somete, etc.
A pesar de lo patológico e insatisfactorio de este tipo de relaciones, el
trauma que supone la ruptura es verdaderamente devastador, y constituye con
frecuencia el acontecimiento precipitante de episodios depresivos mayores -aquí
situaríamos a la depresión sociotrópica- u otras psicopatologías. No
obstante, "el periodo de abstinencia" les conduce a buscar de nuevo
otra pareja, y así se forma un auténtico círculo vicioso.
· Presentan cierto déficit de habilidades sociales.
Su baja autoestima y constante necesidad de agradar impide que desarrollen una
adecuada asertividad. Además, si su demanda de atención hacia otra persona
alcanza ciertos límites, pueden manifestarla sin importarles demasiado la
situación o las circunstancias, mostrando así falta de empatía. Por ejemplo,
un individuo con dependencia emocional puede enfadarse con un amigo porque no va
a visitarle, aunque éste argumente que al día siguiente tiene un examen de
oposición muy importante.
Autoestima
· Poseen una autoestima muy pobre, y un autoconcepto negativo no ajustado a la
realidad.
Si existe un denominador común en todos los conceptos afines reseñados con
anterioridad, es la baja autoestima y
autoconfianza(18),(25),(30),(33),(34),(35). Estos sujetos no se quieren porque
durante su vida no han sido queridos ni valorados por sus personas
significativas, sin dejar por este motivo de estar vinculados a ellas.
Consecuentemente, el autoconcepto es también pobre, y en numerosas ocasiones no
se corresponde con la realidad objetiva del individuo a causa de su continua
minusvaloración. Tienen, en general, una autoimagen de perdedores que minimiza
o ignora lo positivo de ellos mismos y de sus vidas(36).
Estado de ánimo y comorbilidad
La razón de unir en un mismo epígrafe estos dos ámbitos es que están
enormemente relacionados, ya que el estado anímico y sus fluctuaciones
determinan en gran medida las frecuentes comorbilidades que se producen.
· Su estado de ánimo medio es disfórico, con tendencias a sufrir
preocupaciones.
Su expresión facial y su humor denotan una tristeza honda y arraigada, con lógicas
fluctuaciones. Cuando sufren preocupaciones suelen girar en torno a una separación
temida (ansiedad de separación) o a sentimientos de desvalimiento emocional y
vacío, más frecuentes cuando no están inmersos en relaciones estrechas.
Dichos estados anímicos están generados por la baja autoestima y las
necesidades emocionales crónicamente insatisfechas, sin contar con los efectos
de las circunstancias adversas que atraviesan al emparejarse con sujetos
narcisistas y explotadores.
· Las comorbilidades más frecuentes se producen con trastornos depresivos y
por ansiedad, y en menor medida con trastornos de la personalidad, o
relacionados con sustancias.
Todos los conceptos afines revisados presentan un patrón similar de
comorbilidades, pero entre ellos destaca la sociotropía, creado desde la
perspectiva de los trastornos depresivos. Los dependientes emocionales presentan
con frecuencia episodios depresivos cuando se rompe una relación, por muy patológica
e insatisfactoria que ésta sea, y así surgió el concepto de depresión
sociotrópica.
En los periodos en que sus relaciones corren grave peligro de romperse pueden
llegar a padecer trastornos por ansiedad, con el riesgo consiguiente de abuso y
dependencia de sustancias tales como tranquilizantes, alcohol, etc.
Más adelante propondremos la dependencia emocional como un trastorno de la
personalidad, y como tal es común la presencia simultánea total o parcial de
otros síndromes del Eje II. Entre ellos podemos destacar los trastornos de la
personalidad por evitación o histriónico.
Elección de objeto
Este término, proveniente del psicoanálisis, denota los rasgos que una persona
busca en otra para vincularse con ella, y suele utilizarse en el contexto de las
relaciones amorosas, como haremos en el presente trabajo. Las parejas u
"objetos" hacia los que tienden los dependientes emocionales se
caracterizan por:
· Reúnen condiciones para ser idealizados.
Los dependientes emocionales no son muy selectivos a causa de sus necesidades
acuciantes, pero si rastreamos factores comunes en la aparente heterogeneidad de
sus objetos, encontramos uno que destaca especialmente: todos tienen una férrea
autoestima, en muchas ocasiones superior a la media. Con frecuencia, este rasgo
arrastra una serie de implicaciones como el narcisismo y la dominación que se
detallarán más adelante dentro de este mismo apartado. Lo que en este momento
nos importa es que su posición "superior" con respecto a las demás
personas, y sobre todo si éstas son de pobre autoestima como sucede con los
dependientes emocionales, les convierte en individuos especialmente susceptibles
de idealización.
Hemos comentado que las personas con graves necesidades afectivas realmente no
esperan ni buscan cariño porque nunca lo han recibido -ni siquiera de sí
mismas-, y podemos añadir ahora que tampoco están capacitadas para darlo por
el mismo motivo, simplemente se apegan obsesivamente a un objeto al que
idealizan. ¿Por qué sólo se interesan por objetos "idealizables"?
Porque su deficiente autoestima provoca en ellas un estado de fascinación
cuando encuentran a una persona tremendamente segura de sí misma, con cierto éxito
o capacidades (aunque muchas veces sean más supuestas que reales), y que
observa al resto del mundo "desde las alturas". Las personas con mayor
equilibrio emocional buscan objetos similares para establecer relaciones simétricas,
pero en las dependientes sucede todo lo contrario, creen ver a su salvador en
los objetos que poseen todo lo que les falta a ellas: amor propio.
Aunque excede los propósitos del presente estudio, debemos señalar que es un
fenómeno similar al de los ídolos y fans en la adolescencia: fascinación ante
objetos susceptibles de encumbramiento por poseer características que los
distinguen de los comunes. Los dependientes emocionales entienden el amor
como apego, sumisión y admiración al objeto idealizado, y no como un
intercambio recíproco de afecto.
En sus trabajos con individuos con perturbaciones del self, H.Kohut(37) describe
una interacción similar entre paciente y terapeuta: la transferencia
idealizadora. En su teoría sobre el narcisismo, entendido en un sentido
evolutivo, afirma que para poseer una sana autoestima el niño debe internalizar
a un objeto (objeto del self) que sea idealizable y que al mismo tiempo le
elogie. A juicio de este autor, los pacientes con transferencia idealizadora han
carecido de un objeto del self idealizado, y por eso ensalzan al terapeuta y a
otras personas. En sus palabras, están "hambrientos de ideal"(38).
Volveremos sobre este autor en el capítulo sobre hipótesis etiológicas.
· Son narcisistas y explotadores.
Como hemos mencionado, los objetos generalmente elegidos por los dependientes
emocionales son en muchas ocasiones ególatras, narcisistas y manipuladores.
Carecen de empatía y afecto, creen que poseen privilegios y habilidades fuera
de lo común, y que los demás deberían estar continuamente alabándoles y
concediendo prerrogativas. El carácter sumiso y torturado del dependiente
emocional no hace más que potenciar y perpetuar estos rasgos. No hay que
olvidar que las diferencias reales entre ambos componentes de la pareja son de
autoestima, pudiendo darse la paradoja de que el dependiente emocional posea
capacidades y habilidades superiores a las de su objeto, aunque ninguno de los
dos lo reconozca así. La sobrevaloración de un polo se complementa a la
perfección con la minusvaloración del otro.
Desde un marco conceptual diferente, O.Kernberg(39) manifiesta al referirse a la
personalidad depresivo-masoquista (equivalente a la personalidad
autodestructiva) que sus objetos predilectos son sádicos e inaccesibles, y
Glickauf-Hugues y Wells(24) señalan, para este mismo tipo de personalidad, que
tienden a escoger objetos con estructuras narcisistas y límites a los que
idealizan.
· Buscan una posición dominante en la pareja.
Con todas las características expuestas anteriormente, nos damos cuenta de que
con muchísima frecuencia los dependientes emocionales se involucran en
relaciones asimétricas, asumiendo ellos la posición subordinada y los objetos
la dominante. Los caracteres narcisistas se distinguen por su fatuidad, deseo de
elogios y desprecio hacia los demás. Los dependientes emocionales son su objeto
perfecto: se someten con tal de preservar la relación; no les "hacen
sombra" por su baja autoestima; les admiran continuamente, ignorando sus
defectos y ensalzando sus virtudes; soportan e incluso aceptan como normales los
desprecios y humillaciones sistemáticas que sufren por su parte; les sirven
para consolidar su posición de superioridad con respecto al mundo; etc. A este
respecto, autores como Schaeffer(33) afirman que los adictos al amor poseen unas
"débiles fronteras del ego", aseveración que aquí se suscribe únicamente
por su valor descriptivo y metafórico. Lo cierto es que presenciar cómo una
persona puede infravalorarse y subordinarse tanto a otra, llegando en ocasiones
a perder su identidad y criterios personales, justifican plenamente este tipo de
afirmaciones.
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