Título: Depresión
Autor: PsicoActiva
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Trastornos del estado de ánimo: la Depresión

     Desde los primeros tiempos de la medicina ya se conoce la tristeza como una posible enfermedad. Hipócrates (460-370 a. C.) definió la melancolía como una grave dolencia caracterizada por una intensa tristeza, originada por el efecto de la bilis negra sobre el cerebro. En el Corpus Hippocraticum se reconoce ya un tipus melancholius (Hipócrates, Aforismos IV, 23): "El miedo y la tristeza, cuando duran mucho tiempo, constituyen una afección melancólica".

     La depresión es un término con un significado que varía desde las bajadas transitorias del estado de ánimo que son características de la vida misma, hasta el síndrome clínico, de gravedad y duración importante con signos y síntomas asociados, marcadamente distintos a la normalidad. El psicólogo Coderch describe lo que es la depresión con las siguientes palabras: "En la depresión existe una pérdida general de vitalidad, expresando el enfermo falta de interés y energía. El sujeto se muestra cansado y triste. Puede rehuir de las actividades sociales y su rendimiento decrece en todas las esferas. Una totalidad de desesperanza y pesimismo invadirá sus fantasías y sus ideas".

    Las depresiones pueden ser endógenas, exógenas o somatógenas. Todas ellas se caracterizan por una serie de alteraciones en el área psíquica y en la orgánica.

    En el área psíquica estar deprimido produce tristeza, demoralización y pérdida de autoestima. En la orgánica da astenia, abatimiento, hipoactividad, pérdida de apetito, pérdida de peso, alteraciones del sueño, disminución de la lívido y en casos graves, incluso ideas delirantes.

Depresión endógena

   Este tipo de depresión tiene una causa fundamentalmente biológica. No existe continuidad con la historia vital de la persona, no hay motivos para estar triste o melancólico, ni existen causas externas. Estas personas tienden a encontrarse mejor por las tarde y su patología se relaciona con el cambio de estación (hay un aumento de síntomas depresivos en primavera y otoño). Frecuentemente su iniciación y curso se asocia a ritmos biológicos. Suelen ser hereditarias.

Depresión exógena

   Depresión fundamentalmente causada por factores ambientales externos. También se denomina depresión reactiva, pues se producen como respuesta a una pérdida, un desengaño, una tensión u otros acontecimiento externos recientes. Se supone que las depresiones sin una historia de tensión externa se deben a algún proceso biológico intrínseco o endógeno. 

    Los factores exógenos son inespecíficos, además se dan diferencias intraindividuales según el momento evolutivo, influyendo la persistencia de los factores, la profundidad de la experiencia vivida y si son inesperados o no, en la depresión que producirán

    Existe una amplia literatura sobre la relación entre la tensión, la separación, la pérdida y otros acontecimientos vitales con los diversos síndromes de la depresión reactiva. Hay que subrayar la importancia de las causas experienciales y ambientales, ya que los acontecimientos de la vida se consideran significativos en la patogénesis de la depresión.

    Pay Kel (1979) afirma que "existe un riesgo seis veces mayor de desarrollar una depresión en los seis meses siguientes a la aparición de acontecimientos vitales estresantes", como por ejemplo la independencia y el abandono del hogar por parte de los hijos. Toda la fisiología y la patología del estrés es inseparable de la emoción, de la angustia y de la depresión, sobretodo en cuanto representan los esfuerzos adaptativos del organismo para afrontar una situación de alarma. 

Depresión somatógena

   Este tipo de depresión es secundaria a causas físicas específicas y patologías orgánicas demostrables. También se llaman depresiones orgánicas, las causas más frecuentes son:

- Trastornos tiroideos
- Anemias
- Infecciones víricas
- Lupus
- Cáncer
- Parkinson
- Causas yatrógenas: fármacos como anticonceptivos orales, corticoides, antihipertensivos, psicolépticos y otros.

   La depresión es un síntoma muy común entre la población y aparece con mayor frecuencia en la mujeres (entre un 10 y un 15%), en los hombres la probabilidad es menor (entre el 5 y el 12%). Puede surgir a cualquier edad, aunque suelen aparecer los síntomas entre los 20 y 50 años.


Criterios para diagnosticar un episodio depresivo mayor

    Los sujetos que padecen depresión tienen la capacidad disminuida para pensar, concentrarse y tomar decisiones, pueden dar la impresión de distraerse con facilidad o quejarse de falta de memoria.

   El trastorno de ánimo deprimido se caracteriza por lo menos por dos de los síntomas siguientes durante un período mínimo de dos semanas, representando un cambio en su actividad previa. Uno de los síntomas ha de ser el 1 o el 2. Se presentan durante la mayor parte de los días y son manifestados por las personas que lo conocen:

1) Ánimo deprimido.
2) Acentuada disminución del interés o del placer en la mayoría de las actividades cotidianas.
3) Disminución o aumento del apetito.
4) Insomnio o somnolencia.
5) Agitación o enlentecimiento psicomotor.
6) Fatiga o disminución de energía.
7) Sentimientos de indignidad o culpabilidad excesivos o inadecuados.
8) Disminución de la capacidad de pensar o concentrarse.
9) Ideas de muerte, ideas de suicidio sin un plan específico o un intento de suicidio o un plan específico para suicidarse.

   La depresión del estado de ánimo varía de un día a otro. En algunos casos la ansiedad y el malestar pueden predominar sobre la depresión. La alteración del estado de ánimo puede estar enmascarada por irritabilidad, comportamiento histriónico o preocupaciones somáticas.

  En la depresión mayor habrá un síndrome somático cuando estén presentes cuatro de las siguientes características:

- Pérdida de la lívido.
- Alteración del peso.
- Empeoramiento matutino del humor.
- Despertarse horas antes de lo habitual.
- Pérdida de reactividad emocional a acontecimientos y circunstancias ambientales agradables.
- Disminución de la capacidad de disfrutar de las actividades que le eran placenteras.

   La diferenciación de la gravedad de los cuadros depresivos se basa en el número, tipo y gravedad de los síntomas. Un buen indicador podría ser la actividad laboral, en el hogar, la cotidiana o la social.


Factores de riesgo

    Existe una predisposición genética ha experimentar estos trastornos afectivos, ya que el índice de prevalencia entre los familiares de los pacientes es dos o tres veces superior, especialmente en parientes de primer grado. La prevalencia de trastornos depresivos es mayor en gemelos homozigóticos que en dizigóticos. "Cada individuo posee un patrón genético, evolutivo, ambiental, social, personal y fisiológico que lo predispone o lo protege frente a la depresión en cualquier momento de su vida" (Creist y Jefferson, 1992). 

   También se ha demostrado que las personas con este trastorno poseen un déficit en la mayoría de los neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina. Es es este aspecto es donde se basa el tratamiento farmacológico de la depresión.

   Por otro lado, hay una mayor tendencia femenina a presentar ansiedad y depresión asociada a síntomas de tipo somático por consideraciones endocrinológicas, como una más alta frecuencia de trastornos afectivos en períodos premenstruales, en los postpartos y en las pre y post menopausias. Los trastornos afectivos de los ciclos reproductivos están relacionados con las hormonas reproductivas y la susceptibilidad a sus variaciones. 

  No hemos de olvidar todos los factores psicosociales que rodean a la persona con el ánimo melancólico y que pueden haber precipitado su enfermedad, como los acontecimientos vitales: pérdida de un ser querido, desempleo, escasa relación interpersonal, frustración, etc.


LA MANIA

  Dentro de trastornos del estado de ánimo también se encuentra el episodio maníaco, que podríamos definir como lo opuesto a la depresión, pues tiene los síntomas en sentido contrario a ésta. Es una exaltación del estado de ánimo e hiperactivación de todas las funciones psíquicas.

   En lugar de tristeza la persona tiene una alegría contagiosa, euforia y ríe constantemente. En vez de inhibición psicomotriz, el paciente tiene una vitalidad desbordante, habla sin cesar, emprende muchas tareas, recuerda cosas olvidadas, compra y regala cosas inútiles. La autovaloración y juicio de sus circunstancias es optimista, sin crítica, con tendencia a la grandiosidad. Tiene ideas sobrevaloradas y delirantes en vez de ruina, especialmente de ganar millones, estar en contacto con Dios y salvar al mundo. Su implicación excesiva en actividades placenteras tienen un alto potencial para producir consecuencias graves. Los cambios corporales son menos acusados que en la depresión, su insomnio adquiere la característica de que no necesita dormir tanto y despierta en plena euforia.


TRASTORNO BIPOLAR O PSICOSIS MANIACO-DEPRESIVA

   Este tipo de trastorno, también llamado depresión bipolar, reune cuadros de euforia maníaca y melancolía alternativamente. Los síntomas en la fase depresiva son idénticos a los que tiene una persona que solo sufre depresión, y los de la fase maníaca los mismos de un enfermo que solo tiene fases maníacas.

   El trastorno bipolar suele iniciarse alrededor de los 30 años, la duración de los diferentes episodios es de unos 4 meses, con un promedio de períodos asintomáticos de 2 años.


Tratamiento de la depresión

   El tratamiento farmacológico de la depresión se realiza bajo un estricto seguimiento médico con antidepresivos orales, lo más utilizados son los Tricíclicos o Tertracíclicos.También se utilizan los IMAO (Inhibidores de Monoaminoxidasa) y los ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina). La respuesta terapéutica a la medicación suele aparecer a las 4 o 6 semanas posteriores al inicio del tratamiento, y se debe hacer un mantenimiento durante unos 6 meses para evitar una recaída. Cada vez están apareciendo en el mercado nuevos medicapentos más selectivos y con menos efectos secundarios que los tradicionales.

   En las depresiones bipolares, las fases maníacas se atenúan y abrevian con neurolépticos. En muchos casos el tratamiento continuado con sales de litio evita la aparición de nuevas recaídas intensas.

   La Terapia Electro Convulsiva (TEC) es un tratamiento eficaz cuando existen síntomas graves y para pacientes que no responden a la medicación o la psicoterapia. Antes de someterse a este tratamiento los pacientes han de pasar un examen físico y neurológico previo. Deben permanecer en ayunas desde seis horas antes del TEC y se les administran anestésicos generales antes de ser estimulados eléctricamente.

   Conjuntamente se puede hacer tratamiento psicoterapéutico, con una acción centrada en los aspectos psicosociales, cognitivos e interpersonales. Existen muchos tipos de terapias de ayuda, individuales o grupales, todo depende de la orientación psicológica del terapeuta. A continuación resumiremos algunas de las más importantes:

   Terapia cognitiva

   Se basa en el cambio del estilo de interpretación del mundo por parte del paciente afectado de depresión. Este tipo de terapia intenta cambiar las creencias y los pensamientos que llevan a la persona a tener esta enfermedad, fomentando el pensamiento lógico y racional sobre su situación y sus posibles salidas.

   Este tratamiento puede combinarse con la utilización de fármacos antidepresivos.

   Terapia interpersonal

   El objetivo principal es aliviar lo síntomas a través de la resolución de los problemas interpersonales actuales del paciente, reduciendo así el estrés en la familia o el trabajo y mejorando las habilidades de comunicación interpersonal. El terapeuta trabaja con el paciente entrenando sus habilidades sociales. También puede combinarse con la administración de antidepresivos.

   Terapia psicodinámica

   Esta terapia promueve un cambio de personalidad a través del entendimiento de los conflictos de la infancia no resueltos. Trata de descubrir el origen del conflicto a través de los relatos del paciente e intenta reforzar sus capacidades adaptativas, va más allá de la simple mejoría sintomática. Es un tratamiento de muy larga duración. 



Bibliografía:

Belloch, A., Sandín, B. (1996): Manual de psicopatología. McGraw-Hill Interamericana. España.

CIE 10, Trastornos mentales y del comportamiento. Descripciones clínicas y pautas para el diagnóstico. (1992) Organización Mundial de la Salud. Madrid. Mediator.

DSM-IV, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. (1997). Barcelona. Masson.

Vallejo, J. (1997): Introducción a la psicopatología y psiquiatría. Madrid. Ed. Salvat.