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TRASTORNOS ANSIOSOS
Clínicamente la angustia es el miedo sin saber a qué. El miedo
normal es una reacción con componentes psicológicos y corporales.
El miedo y la angustia forman parte de la respuesta normal del
individuo, con reacciones necesarias para la supervivencia.
Como en todas las neurosis, una reacción que originalmente es
normal y útil para la supervivencia se desvirtúa al aumentar tanto
en intensidad y frecuencia que, en lugar de ser un mecanismo
defensivo provechoso, se convierte en una fuente de sufrimiento y de
incapacidad. Si esta respuesta desproporcionada se hace crónica
estamos ante una neurosis de ansiedad o neurosis de angustia.
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Las
neurosis de angustia suelen predominar en el sexo femenino y su edad
de inicio es entre los 20 y los 40 años. Las cifras que se tienen
oscilan entre un 15 y un 25% de probabilidad de incidencia de los
trastornos de ansiedad a lo largo de la vida.
La angustia puede aparecer de dos formas: en un estado permanente de
ansiedad o en ráfagas de angustia, separadas por intervalos de
aparente normalidad.
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Consiste
en la aparición repentina de la ansiedad en su máxima intensidad.
La típica crisis se presenta generalmente de modo repentino, sin
síntomas previos de aviso. No es raro que se desencadene durante el
sueño, despertándose el paciente con los síntomas en toda su
intensidad.
Estas crisis se viven por el paciente como una señal de muerte
inminente, la intensidad de sufrimiento es equivalente a la de
alguien que nota que lo van a matar. Se acompaña de síntomas
corporales de pánico: taquicardia, palpitaciones, respiración
acelerada, sensación de ahogo o falta de aliento, náuseas o molestias
abdominales, mareo, desmayo o aturdimiento, palidez, manos y pies fríos, sensación de opresión
precordial que en ocasiones llega a ser dolor precordial,
sudoración, parestesias (sensación de entumecimiento u
hormigueo), miedo a perder el control o "volverse loco"
y miedo a morir.
La
crisis suele durar unos minutos, pero puede persistir durante horas.
Es tan viva la sensación de peligro para la vida durante la crisis
(sobre todo por el dolor precordial), que el paciente acude a varios
médicos no quedando tranquilo si se le afirma que no tiene nada del
corazón, pues no le parece posible que síntomas tan alarmantes
como los suyos no tengan una causa orgánica grave.
Son
manifestaciones permanentes, pero más leves, de ansiedad. Los
síntomas no se presentan de forma tan aguda, producen una
sensación de malestar generalizado y los síntomas suelen ser:
palpitaciones, palidez, ganas de orinar, diarrea, sudor, temblor,
dificultad para concentrarse, hablar o incluso para respirar. Lo
frecuente es que se combinen las crisis de ansiedad con el estado
ansioso generalizado y que el paciente entre sus crisis no esté
normal, si no angustiado ante cualquier estímulo (ir en metro,
alejarse de casa, acudir a una entrevista, etc).
Para el diagnóstico de este trastorno lo primero que se debe
observar es que el sujeto haya estado padeciendo la mayoría de los
días, por no menos de seis meses, de una ansiedad excesiva y
sobrepreocupación en relación a una amplia gama de situaciones y
actividades.
A su vez, el individuo tiene que haber tenido dificultades para
controlar ese estado de constante preocupación y aprehensión,
acompañados de al menos otros tres síntomas tales como inquietud,
fatiga prematura, desconcentración, irritabilidad, tensión
muscular y trastornos en el sueño.
Son respuestas ansiosas
superiores a lo normal frente a un estímulo concreto: viajar en
avión, estar en lugares cerrados, etc. aquí se encuentran las agorafobias,
las fobias simples y las fobias sociales.
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Agorafobia:
es un tipo de trastorno de ansiedad muy frecuente. Puede
tratarse de miedo a estar en espacios abiertos, o miedo a estar
en espacios o situaciones donde la huída se difícil porque
implica un compromiso. Como la persona tiene miedo a padecer la
crisis y a no poder ser ayudado, acaba por recluirse en su casa
sin salir. Las situaciones que son más comúnmente evitadas son
el encontrarse lejos del hogar, en un ascensor, en un avión,
automóvil, en un lugar cerrado, en medio de una multitud o en
espacios abiertos. Algunos sujetos pueden enfrentar estas
situaciones pero a expensas de sufrir severas ansiedades, miedo
o síntomas equivalentes.
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Fobias simples:
es un miedo específico a algo, a las arañas (aracnofobia), al
agua (hidrofobia), al fuego (pirofobia), a la sangre
(hematofobia), a viajar en avión, etc. La fobia específica es
más frecuente que la fobia social y pueden desarrollarse
tras haber presenciado o sufrido
un evento traumático.
La fobia específica
se caracteriza por un marcado y persistente miedo irracional y
excesivo, originado por la presencia o anticipación a
objetos o situaciones concretos.
El estar frente al estímulo fóbico provoca en el sujeto una
respuesta ansiosa. La mayoría de las veces este estímulo es
evitado, pero si es experimentado se desencadenará un episodio
de intensa ansiedad.
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Fobias
sociales: es el miedo por parte del sujeto a estar expuesta
bajo la
observación de otros. La fobia social suele aparecer típicamente
en la adolescencia, y puede haber antecedentes infantiles de
timidez o inhibición social. La aparición de la fobia social
puede surgir bruscamente luego de haber experimentado una
situación humillante o estresante, o bien puede aparecer
lentamente.
Un sujeto que
padece de fobia social, al estar frente a un evento en público,
ya sea hablar frente a un grupo de gente, comer, beber o
escribir, experimenta una constante preocupación por la
posibilidad de que los demás los perciban como loco, ansioso, débil,
además suele creer que la situación puede resultar embarazosa.
Ante las situaciones sociales temidas es muy común el
enrojecimiento.
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Trastornos
por estrés postraumático |
Ocurre cuando la persona ha sufrido de forma real una acontecimiento
traumático en el que su vida ha corrido peligro, y aunque fue un
episodio aislado, la experiencia vuelve en forma de pesadillas y
miedos. Se incluye también como traumático el hecho de
haber tomado conocimiento de una situación horrorosa inesperada que
haya sufrido una persona significativa. Dentro de estos traumas están
incluidas las catástrofes naturales, las violaciones, ser
secuestrado, las experiencias de combate, las torturas, diagnósticos
de enfermedades mortales y los accidentes serios. A veces se instauran las adicciones a drogas para poder
olvidar.
Existen personas que se enfrentan a experiencias traumáticas muy
graves que no presentan este tipo de trastorno y algunas personas
que experimentan sucesos menos catastróficos pero debido al
significado subjetivo del acontecimiento, sufren de un trastorno por
estrés postraumático.
Este trastorno posee un
comienzo agudo. Puede aparecer a cualquier edad, incluso durante la
infancia. Se diagnostica cuando una persona desarrolla determinada
sintomatología, después de haber experimentado una situación que
podría ser categorizada como traumática.
La respuesta sintomatológica al evento traumático
es la reexperimentación intensa del mismo a través de recuerdos,
pesadillas y malestar psicológico intenso al
exponerse a estímulos parecidos o asociados. Puede aparecer una incapacidad para recordar aspectos importantes del
trauma, reducción del interés en actividades antes placenteras,
desapego, sensación de un futuro de desolación y restricción de
la vida afectiva.
Un criterio para el diagnóstico de
este trastorno es la duración de estos síntomas, ya que debe
prolongarse por más de un mes, de lo contrario se trataría de un
trastorno por estrés agudo.
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Trastorno
por estrés agudo |
Al igual que en el trastorno por estrés postraumático,
en el trastorno por estrés agudo el individuo experimenta
nuevamente el acontecimiento traumático acontecido con anterioridad,
respondiendo con horror, un intenso miedo y desesperanza.
Los
síntomas más comunes son la reducción de la expresión de los sentimientos,
la reducción de la conciencia, desrealización
(sensación de que el entorno es irreal o extraño),
despersonalización (sensación de irrealidad o falta de
familiaridad consigo mismo) y amnesia disociativa (incapacidad de
recordar el evento traumático). Para hacer el diagnóstico las alteraciones deben durar entre
dos días como mínimo y no más de cuatro semanas.
Las personas con este trastorno pueden tener sentimientos de desesperación,
muchos se
sienten culpables por haber sobrevivido al evento, o por no haber prestado la
suficiente ayuda a otros que estuvieron allí. A veces hasta llegan a sentirse responsables de
las consecuencias de lo que sucedió.
Existe un alto grado de probabilidad que sujetos
con este trastorno, sufran un trastorno por estrés postraumático.
El tratamiento de este trastorno es similar al
utilizado para el estrés postraumático, pero a su vez se debe
tratar los síntomas disociativos. Generalmente se ofrece una
combinación entre la psicofármacoterapia, la psicoterapia y la
psicoeducación. Los grupos de apoyo para el paciente como para la
familia sirven para poder identificarse con otros que pasaron por la
misma situación y para no sentirse aislados, además de recibir un
apoyo adicional.
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Trastorno
de ansiedad inducido por sustancias |
Se caracteriza por la
presencia de síntomas ansiosos
secundarios a los efectos fisiológicos directos de una sustancia
(droga o medicamento).
Dependiendo
de la naturaleza de la sustancia, puede incluir
crisis de angustia, fobias, obsesiones y/o compulsiones, tanto
durante la intoxicación como en los períodos de abstinencia. Los
síntomas han de persistir más de un mes
después del período agudo de abstinencia o intoxicación para
diagnosticar este trastorno, o que han de ser claramente excesivos en función al tipo y la cantidad de
sustancia ingerida.
La sintomatología ansiosa producida por la
abstinencia o la intoxicación de las sustancias suele ser
transitoria y remite después de ser metabolizada la sustancia,
reestableciendose el equilibrio fisiológico del organismo.
Las sustancias más comunes
que producen la aparición de un
trastorno de ansiedad son: alcohol, anfetaminas y derivados,
alucinógenos, cafeína, cannabis, cocaína, fenciclidina y
derivados, inhalantes, y otras sustancias desconocidas. En el caso
de la abstinencia, las sustancias que pueden desarrollar un cuadro
similar son el alcohol, cocaína, sedantes, hipnóticos y ansiolíticos.
También se incñuirían las sustancias volátiles como la gasolina, las
pinturas, insecticidas, etc.
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Trastorno
obsesivo-compulsivo |
La sintomatología principal de este trastorno es un sentimiento de compulsión subjetiva, al que se
ofrece resistencia, para persisitir en una
idea, efectuar alguna acción, recordar una experiencia o rumiar
acerca de un asunto
abstracto. Los pensamientos no son deseados, y son
percibidos por el paciente como inapropiados y carentes de sentido.
La idea obsesiva es reconocida como ajena a la personalidad, pero
proviniente de dentro de sí misma. Las acciones obsesivas pueden
adquirir un carácter casi ritual con el fin de aliviar la ansiedad,
por ejemplo, lavarse las manos. Las tentaciones por desechar los
pensamientos que no son aceptados conducen a una lucha interna
acentuada.
Las obsesiones son pensamientos,
ideas, sensaciones o sentimientos recurrentes que
provocan gran ansiedad, son intrusivos y las personas los califican como
ajenos a su control, aunque saben que son producto de su mente.
Las compulsiones
son
conductas o actos mentales de carácter recurrente, conscientes y
estereotipadas, que se llevan a cabo con el fin de calmar o prevenir
la ansiedad, nunca por placer o gratificación. Cuando el individuo se resiste a realizar la compulsión
su ansiedad se intensifica. Las compulsiones más comunes son las
relacionadas con tareas de lavado o limpieza, comprobaciones, exigencias de
certeza, el orden de los objetos y actos repetitivos.
Este trastorno puede llegar a ser muy
perturbador, debido a la gran cantidad de tiempo que las obsesiones
pueden y las compulsiones pueden
provocar en las rutinas normales del sujeto, en su trabajo o sus relaciones
sociales. Por ello suelen
ocasionar un deterioro de sus actividades cognoscitivas en donde
necesitan del empleo de la concentración, como son la lectura o el
cálculo.
Algunos sujetos acaban evitando o alejándose
de objetos o situaciones que les provocan obsesiones y compulsiones,
pudiéndose generalizar este comportamiento evitativo, limitando
seriamente la actividad global del individuo. Las preocupaciones
hipocondríacas son frecuentes y se revelan en las repetidas visitas
médicas.
Tratamiento
Durante las crisis de angustia se pueden administrar medicamentos
ansiolíticos o tranquilizantes para proporcionar alivio
sintomático al paciente. Posteriormente el tratamiento ha de ser
psicoterapéutico con técnicas cognitivo-conductuales como la
relajación, la exposición a estímulos angustiantes la
desensibillización sistemática, el biofeedback, entrenamiento
asertivo, etc. Las técnicas de
relajación y el entrenamiento en respiración son fundamentales
para el alivio ante las crisis, el miedo y la ansiedad
anticipatoria.
Igualmente se
recomienda la terapia familiar y terapia de grupo para ayudar a las
personas afectadas y a sus familiares a adaptarse a las dificultades
psicosociales que trae aparejado este trastorno.
La combinación de
estos tipos de tratamientos ayuda del 70 al 90% de las personas
afectadas. Se puede apreciar una mejoría significativa de 6 a 8
semanas después de iniciarse el tratamiento.
Bibliografía:
Belloch, A.,
Sandín, B. (1996): Manual de psicopatología. McGraw-Hill
Interamericana. España.
CIE 10, Trastornos
mentales y del comportamiento. Descripciones clínicas y pautas
para el diagnóstico. (1992) Organización Mundial de la
Salud. Madrid. Mediator.
DSM-IV, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos
mentales. (1997). Barcelona. Masson.
Vila, J., Fernández, M. (1990): Activación y conducta. Madrid.
Alhambra.
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