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Alzheimer: la
enfermedad del olvido
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La enfermedad de Alzheimer o demencia senil de
tipo Alzheimer, es un trastorno encefálico de deterioro crónico y
progresivo que se acompaña de efectos profundos en la capacidad de
recordar, aprender y razonar. Podemos decir que en uno de los
trastornos más temidos de nuestra época debido a las consecuencias
de gran deterioro que produce en la persona afectada.
Los
principales síntomas que aparecen son la pérdida
progresiva de habilidades y funcionamiento mental, la
pérdida de memoria, confusión y alucinaciones. El comienzo
del mal puede ser lento, los familiares más allegados
suelen advertir que el individuo tiene algún olvido en sus
quehaceres diarios.
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La OMS define la
enfermedad de Alzheimer como una dolencia degenerativa cerebral
primaria, de etiología desconocida, que presenta síntomas
neuropatológicos y neuroquímicos característicos. El trastorno se
inicia, generalmente, de forma insidiosa y lenta y evoluciona
progresivamente durante un período de años. La evolución
acostumbra a ser larga (entre ocho y diez años), aunque a veces es
de dos o tres años. Signos
de alarma para detectar la enfermedad:
- Pérdida de memoria que afecta
la capidad de trabajo (citas, nombres, números de teléfono).
- Dificultad para realizar tareas
familiares (problemas con la cocina).
- Problemas de lenguaje (olvido y
sustitución de palabras).
- Desorientación en el tiempo y
el espacio.
- Conductas anómalas (como
vestirse inadecuadamente para el momento o la época del año).
- Problemas de pensamiento
abstracto (olvidarse, por ejemplo, del significado del dinero).
- Pérdida de objetos y ubicación
incorrecta de los mismos.
- Cambios de humor y de conducta.
- Cambios en la personalidad.
- Pérdida de iniciativa
(pasividad).
Posteriormente y
de forma gradual se deterioran las funciones cognoscitivas
superiores, con pérdida de capacidad de leer, escribir, calcular e
incluso comunicarse normalmente. Los cambios de personalidad
también pueden ser notables. En las fases terminales surgen trastornos
de las funciones motoras, como la marcha y acaban no pudiendo
moverse. Son enfermos que físicamente no tienen porque estar
enfermos, por lo que su esperanza de vida puede ser larga.
Los parientes acaban siendo las "otras víctimas" de esta
terrible enfermedad, pues han de estar pendientes de sus descuidos
constantes, además sufren inquietud, confusión, caídas, crisis de
ira e incontinencia urinaria, entre otros trastornos. Todos ellos
son aspectos muy difíciles de soportar durante largos períodos de
tiempo. Fisiopatología
Estudios realizados demuestran que un signo macroscópico
característico es la aparición de placas seniles
(estructuras redondas u ovales de dendritas y sinapsis destruidas,
dentro de un núcleo central amiloide) en el cerebro. Se advierte
también una pérdida notable de neuronas en la corteza cerebral. La
muerte neuronal se acompaña de la disminución correspondiente en
el riego sanguíneo cerebral. Los investigadores señalan que hay
una disminución progresiva en la actividad de la enzima acetilcolina
transferasa en el tejido cerebral. Tal enzima es crucial como
neurotransmisor que interviene en el aprendizaje y la memoria.
La enfermedad de Alzheimer generalmente se manifiesta en edades
avanzadas (entre los 65 y 70 años), pero en algunos casos puede aparecer antes, entre los
treinta y cincuenta años. En estos casos es muy posible que existan
antecedentes familiares de demencia, y el curso degenerativo de la
enfermedad es mucho más rápido. Se está especulando que esta seria una
variante de la enfermedad y que sus causas podrían estar más bien
en una mutación genética. Cuando el inicio de la enfermedad es
más tardía, el curso tiende a ser más lento y se caracteriza por
un deterioro más global de las funciones corticales
superiores.
Tratamiento
No existe actualmente
cura de la enfermedad, por lo que el tratamiento es sólo paliativo.
Como tratamiento farmacológico el primer medicamento que apareció
después de muchas investigaciones fue el tacrine, cuya
misión es conservar el suministro de acetilcolina en el cerebro del
enfermo, retardando su destrucción. También existen el donezepil
y la rivastigmina. Todos estos fármacos mejoran el
rendimiento de la memoria y de todo el sistema cognitivo.
Se ha podido encontrar últimamente una proteína, la beta-amiloide,
que también puede provocar la muerte de la neurona y se están
realizando estudios para encontrar una droga que bloquee su acción.
Se cree que en un futuro las
terapias consistirán en la combinación de varios tipos de
medicación.
Otros cuidados
complementarios que hay que tener en cuenta en esta enfermedad son,
por ejemplo, hablar con la persona afectada siempre de forma
tranquila y placentera para no irritarla, proporcionarle un ambiente
tranquilo, eliminando en lo posible los riesgos de que pueda hacerse
daño (el fuego de la cocina, objetos punzantes como tijeras o
agujas, etc.), mantener un programa regular de vida, emplear
auxiliares de memoria como listas, notas, etiquetas sobre los
objetos, orientarle periódicamente en el tiempo y el lugar, vigilar
las posibles caídas de la cama, la temperatura de los alimentos y
ayudarle a mantener las capacidades cognitivas con programas de
refuerzo especializados para este tipo de demencia.
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